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¿Cómo impulsar la regeneración democrática?

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Juan Carlos González Sanz Lunes, 12 de Septiembre de 2016

XXIII Curso de Doctrina Social de la Iglesia
Fundación Pablo VI, 12-14 de septiembre de 2016


Juan Carlos González Sanz
Coordinador Federal Cristianos Socialistas PSOE

MESA REDONDA

En primer lugar quiero agradecer a la Conferencia Episcopal Española por invitarnos a esta mesa redonda.

Las tres afirmaciones siguientes son parte de un perchero donde colgar mi aportación, que es personal.

La primera, hace referencia a una reflexión que está por hacer: “Los historiadores del futuro, cuando analicen los treinta primeros años de la democracia española concluirán que fue el periodo más brillante de la historia moderna de España y puede, incluso, que el periodo más brillante de la historia de la España contemporánea"[1]

La segunda: la política no puede basarse en motivaciones meramente técnicas, si la política se perpetua como un mero procedimiento, como una técnica programática de gestión y administración se produce un desencanto. La política necesita valores. Necesita motivaciones reales sustanciales. La religión aporta esas motivaciones.

La política no es un fin en si mismo y si lo es ,desplaza los valores y se convierte en la gestión del orden social existente, olvidándose de la utopía de la cultura de servicio y búsqueda del bien común. En expresión de San Pablo “Que nadie busque su propio interés sino el de su prójimo”(1Cor.10:24)

La política concebida como algo técnico no necesita proyectos de sociedad, sino programas de gobierno y diseños técnicos económicos de productividad. Esta concepción de la política como algo técnico y de gestión deja sin infraestructura reproductiva a la democracia y el Estado se reduce a un aparato jurídico y administrativo.

La tercera: la señala Daniel Innerarity: «conviene advertir que la actitud crítica hacia la política es una señal de madurez democrática y no la antesala de su agotamiento. [...] Una sociedad no es democráticamente madura hasta que no deja de reverenciar a sus representantes y administra celosamente su confianza en ellos»[2].

Dichas estas tres afirmaciones:

1.- La democracia en España nos ha llevado al mejor momento colectivo de nuestra historia como país

2.- La política es servicio público en aras del bien común y en favor de los más débiles.

3.- Criticar la Política es una señal de madurez democrática.

Tenemos que afirmar sin ninguna duda que, desde la irrupción de la crisis económica, aunque la crisis ni ha pasado aún, ni ha sido sólo económica, se ha visibilizado de una forma contundente, el desengaño ciudadano ante las instituciones y el incesante goteo de noticias sobre la malversación de fondos públicos han provocado un galopante desgaste y desprestigio de los políticos y de la acción política.

Expresiones como “ejemplaridad”,“responsabilidad”, “transparencia” “proximidad”, “listas abiertas”, “mayor democracia en los partidos políticos” “limitación de mandatos” “reforma electoral” “aforados” son escritas o pronunciadas, día sí y día también, en los principales periódicos y televisiones del país.

También es necesario resaltar que cada vez es más intenso el mensaje interesado que recibimos sobre la incapacidad de la política para garantizar el bien común, el interés general. Se subraya con énfasis, de forma muy sesgada, las limitaciones de la política formal (partidos, instituciones y agentes sociales) para: interpretar y comprender bien la realidad, seleccionar el capital humano, gestionar eficientemente los recursos públicos, representar a la ciudadanía, generar entornos transparentes.

¿Regeneración democrática?

Por su puesto, una primera razón para impulsarla es que la política no está consiguiendo que los más débiles, los más pobres, los últimos, se incorporen a la dinámica social y cultural de la mayoría. Las desigualdades sociales no se superan, al contrario cada vez se amplían más.

El crecimiento económico se nos vende como un mantra técnico, aseptico y necesario para que la “cosa” funcione y, sin embargo, ese funcionamiento nos lleva a tener un 28,6 de los ciudadanos en situación de pobreza o de exclusión y casi un 14% de ciudadanos que no llegan a fin de mes.[3]

La cuestión es ¿Cómo conseguir la tan expresada como necesaria Regeneración democrática? y ¿Quien y cómo impulsarla? ¿Cómo conseguir que la democracia funcione?

En el terreno de la política real, que la democracia funcione supone que las instituciones funcionen y resuelvan los problemas de los ciudadanos. Consideramos las instituciones como entes abstractos, que deben funcionar automáticamente. Las instituciones son gestionadas por personas concretas. La democracia, la sociedad, necesita personas comprometidas. Nada se defiende desde la pasividad. Nada se mejora desde la indiferencia. Nada se profundiza sin esfuerzo e implicación. La democracia no es un regalo permanente, es una tarea diaria.

Esta tarea diaria, necesita ciudadanos y ciudadanas conscientes de su responsabilidad personal y colectiva, comprometidos con la superación de sus comodidades privadas para salir a la arena pública a seguir construyendo colectivamente una sociedad cohesionada y solidaria.

La base de la democracia real descansa en los valores básicos de la persona, su dignidad, el derecho a la participación, la libertad de conciencia y de creencia

Si en la democracia , estos valores, no se fomentan en los niveles más básicos de la política : asociaciones vecinales, ampas, asoc. deportivas, asociaciones culturales ,juveniles, parroquiales... resultará complejo, por no decir imposible, generar una mínima conciencia de comunidad , de proyecto común ,donde las personas asuman deberes ante los demás, y no solo por obligación legal. Necesitamos espacios de encuentro y diálogo para expresar nuestras opiniones, espacios para expresar, con la propia vida, nuestras convicciones.

Es necesario favorecer un proceso pre-político que favorezca la superación del individualismo estructural en el que nos encontramos e impulse la generación de ciudadanos y ciudadanas responsables con su realidad.

Este trabajo es a largo plazo, promovido por el sistema educativo formal como un medio fundamental, pero no solo. Desarrollemos la educación informal como herramienta de socialización e implicación de la ciudadanía en la gestión y defensa de las cuestiones públicas.

Inexplicablemente los principales partidos parecen seguir abonados a la estrategia del regarte corto, sin entender, que la crisis política ha entrado en una nueva fase, donde hay que superar la idea del presente como lo único importante. Necesitamos un trabajo en el medio y largo plazo para la regeneración de la democracia.

Recuperar el valor de la participación en las tareas colectivas es también un reto que tenemos pendiente, junto a formar, construir un sujeto que recupere el altruismo, el placer por el trabajo colectivo y gregario. Fruto de esa desafección por la política y por los políticos se ha generado una minusvaloración, desprestigio y sospecha del trabajo asociativo, colectivo, y , aún más grave, de las personas que se implican por los intereses generales y el bien común. La participación requiere un compromiso de vida y tener muy claro que las ganancias, si las hay , serán colectivas, incluso para quienes no tomaron parte.

Las tareas que reportan importantes beneficios para el conjunto de la sociedad, suponen para las personas implicadas directamente en su consecución muchos costes personales que casi nunca se valoran.

Hoy tenemos un asociacionismo con muchos más incentivos para organizarse de forma corporativa, en pequeños grupos que presionan para obtener ventajas particulares inmediatas, sustanciales para cada cohorte, muchas veces a costa del resto. Pocas cosas cambiaran si antes no comprendemos que nuestros males hunden su raíz en la preeminencia de los intereses de grupo sobre el bien común.

Este es el verdadero drama. Sólo la fuerza de las ideas, la convicción, la generosidad, los principios, los valores son capaces de romper este círculo vicioso.

Desgraciadamente todos estos valores se cotizan hoy muy a la baja: existe una tendencia psicológica que nos priva de la entereza necesaria para afrontar la adversidad.

Tenemos que encontrar la manera de dotarnos de un diseño institucional que cumpla cabalmente su cometido, que garantice la efectiva igualdad ante la ley, que prime a quien cultiva el mérito y el esfuerzo, a quien innova en beneficio de todos, no a quien se encuentra más cercano a los gobernantes, a quien maneja las palancas del poder o quien presiona o grita más. Si no cambiamos el modelo, acabará colapsando.

También debemos superar una acción política que no reconoce “lo religioso” como algo bueno para la sociedad. Se ha desarrollado una laicidad puesta al servicio de la ignorancia del hecho religioso e incluso de la negación política de él (laicismo)

Para terminar tres cuestiones que completan el perchero inicial de mi intervención

1.- Es posible escribir una nueva historia de la democracia en España , aún mejor que la que hemos

2.- Recuperemos la política como sueño y propuesta colectiva. Dejemos atrás la lógica administrativa y sólo

3.- ¿estamos dispuestos a renunciar a nuestra parcela de confort y nivel de vida? El crecimiento no garantiza la cohesión social.



Bibliografía

[1] http://www.circulocivicodeopinion.es/cyp_detalle.asp?nav=4&id=26&numcuadernos=1&numposiciones=4

[2] INNERARITY , D., «Elogio y desprecio de la clase política», El País, 29 enero 2013, p. 31.

[3] Diario “El País” 25 de mayo de 2016.Datos sobre la encuesta de condiciones de vida del INE.

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