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Clausura del Curso de Doctrina Social

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Mons. Ginés García Beltrán Lunes, 12 de Septiembre de 2016

XXIII Curso de Doctrina Social de la Iglesia
Fundación Pablo VI, 12-14 de septiembre de 2016


Mons. Ginés García Beltrán
Presidente de la Fundación Pablo VI

CLAUSURA DEL CURSO

Hemos llegado al final de este curso de Doctrina Social de la Iglesia que hace el número XXIII. Nos acercamos a las bodas de plata. Organizado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal y por la Fundación Pablo VI.

La primera palabra, y quizá lo más importante que yo quiero decir al concluir estas jornadas, es el agradecimiento a los que han organizado estos días de estudio, de reflexión, tanto a la Comisión como a la Fundación Pablo VI. Y, de un modo especial, a Fernando Fuentes que es el que se encarga de organizar, de llevar adelante, estos encuentros que como digo son veteranos.

Después, también agradecer a los ponentes. Quizá hoy en la persona de Gaspar que está aquí. También me parece que está por ahí Teresa Comte y algún otro de los ponentes que, realmente, han sido muy valiosos en la iluminación de este tema. Como dirían los que se mueven en los medios de comunicación “de rabiosa actualidad”.

Y, por supuesto, también agradecer a vosotros los asistentes. Porque sois vosotros los que hacéis el curso. Con vuestra participación, también, con vuestra iluminación, con vuestra presencia hacéis, realmente, que sea un curso vivo.

Es la primera vez que, no que estoy en estos cursos, pero sí que como presidente de la Fundación cierro este curso, y por tanto, aunque sea rápidamente me gustaría hacer algunas apreciaciones.

En primer lugar, y esta es mi propia experiencia, creo que hemos tratado un tema importante en el que siempre tenemos la tentación de hablar en tercera persona. Yo, si soy sincero, cuando vine al curso pensaba que en esto de una política del encuentro pues se iba a hablar de los déficit de nuestros políticos, de la fractura en nuestra política etc. Y conforme he ido escuchando las distintas ponencias y las mesas redondas dentro de mí ha surgido una experiencia nueva. Aquí no solo he venido a escuchar a reflexionar, incluso a criticar la situación en que vivimos sino a hacerme yo partícipe de esta situación.

Ayer dijo algo muy importante José María Fidalgo. Dice: “las élites han vuelto a desertar” y yo no se lo apliqué ni a PP ni al PSOE, ni a Ciudadanos, ni a Podemos sino a mí mismo. Si, realmente nosotros, la élite, de una u otra forma, hemos vuelto a desertar.

Nosotros no somos ajenos a la realidad política. Somos parte de la realidad política y, por tanto a mí me gustaría, para mí, y lo lanzo también a vosotros, que este curso haya sido un verdadero examen de conciencia. Un verdadero autoexamen de conciencia para cada uno de nosotros. Es decir, es un tema que nos afecta y del que no podemos mirar a otra parte. No podemos dejarlo pasar.

No cabe duda que vivimos en una situación difícil, complicada, políticamente complicada. Decía, también, Fidalgo que vivimos en una situación de riesgo. Y ante eso hay algo que, no se en que momento de la intervención de Gaspar me acordaba también de esto, yo creo que tenemos que preocuparnos por estas situaciones pero no angustiarnos. Porque si no, no servimos para nada. La situación nos tiene que preocupar pero nunca angustiar. Nunca sentirnos derrotados. Como dice San Pablo en la segunda carta a los Corintios "Estamos aplastados, estamos…” pero no nos sentimos derrotados.

Por tanto yo creo que estas jornadas también son una llamada a la esperanza. El título del curso ya lo decía casi todo “hacia una política del encuentro”.

Por tanto, una política del encuentro que tiene que vivir en una cultura del encuentro a la que tantas veces nos está llamando el papa Francisco. Él utiliza muchísimo esta expresión “La cultura del encuentro” que tiene una carga muy importante de teología y de pastoral. Esa cultura del encuentro no es solo un dato sociológico o una realidad social sino que para nosotros tiene una gran carga teológica y pastoral. Es la cultura del diálogo.

Como me gustaría que recuperáramos la “Eclesiam Suam”. Ha salido también aquí a lo largo de estos días. También la Conferencia Episcopal y la Fundación Pablo VI el próximo mes va a tener un congreso importante para agradecer y reivindicar la figura del beato Pablo VI.

Por tanto, creo que, tenemos que volver a eso de que en la iglesia no es que tengamos que dialogar sino que la iglesia es diálogo. Teológicamente diálogo y por tanto en su acción pastoral tiene también que ser también diálogo. Una cultura del diálogo. Una iglesia del diálogo no porque lo necesitemos sino porque lo somos.

El diálogo, que como dice el papa Pablo VI, hunde sus raíces en el misterio mismo de la Trinidad. Diálogo con Dios, diálogo con el hombre, diálogo que no solo es medio sino que también es fin. Sin embargo, el diálogo supone para nosotros humildad, supone escucha, supone apertura al otro, supone desinstalación, supone descubrimiento de lo que el otro es, de lo que el otro me puede dar. Amor a la verdad. Una de las cosas que en distintas ponencias ha salido es la importancia que tiene, en la política también, en la búsqueda y el amor de la verdad. No vale todo. No se puede pasar por cualquier cosa.

Y por último, también, en el diálogo es importante la paciencia. Recordar, una vez más, lo del papa que el tiempo es superior al espacio. Muchas veces, y en la iglesia, y los clérigos, tenemos la tentación de querer hacerlo todo en el momento. Sin respetar procesos, sin respetar progresos, también, que se dan en las personas y en las situaciones pastorales.

Por tanto, el marco, la realidad, el marco de las cifras, son importantes pero creo que, si algo me llevo de aquí, me llevo muchas cosas, pero algo importante es que no bastan los datos. Cuando hemos escuchado ponencias de datos, de macroeconomía, de macro-sociedad a mí siempre me ha quedado el gran interrogante o la gran llamada. Tenemos que poner rostro a esos datos porque si no se quedarán en reflexiones muy bonitas, muy importantes, que después se van a publicar, que van a ir a las bibliotecas, pero tenemos que poner rostro a esos datos. La mayoría de los que estáis aquí estáis trabajando en el surco de la tierra. Estáis trabajando en la realidad y sabéis que todo esto nos sirve, pero nos sirve, para después ir a la gente. Poner rostro a las personas que sufren, a las personas que lo pasan mal, a las personas que viven esta situación de inestabilidad. Hay algo importante que dijo Julio, el rector de Comillas, el primer día. Dice:” Nuestro modo de vida es el primer modo de participación social”. Muchas veces tenemos la tentación de juzgar y decir cómo tiene que ser la sociedad, la política, la visión del hombre y tal pero nuestro modo de vida va por otro sitio.

Por tanto, eso de que la realidad es superior al espacio. Buscar lugares comunes, “comensalidad” que decía ayer Fernando Vidal.

El itinerario de estas jornadas creo que ha sido, al menos para mí, muy interesante. Ese diagnóstico de Michavila, esos encuentros, desencuentros, que dependen de la forma de nuestro ver el mundo, el próximo, la comunicación.

La cultura del encuentro y también la tolerancia como un desafío a nuestro modo de ser del que nos hablaba Julio Martínez.

Verlo todo esto desde la Doctrina Social de la Iglesia como nos recordaba Teresa Compte o la importancia de los laicos en esa conferencia de Pie Ninot que nos recordó la importancia de la índole secular.

Ha salido aquí una frase del papa que es verdad que “el magisterio de la iglesia no tiene que dar respuesta a todos los problemas que van surgiendo cada día” pero yo ampliaría esa expresión del papa también a decir oiga y los obispos no somos los que tenemos que hablar de todo ni los curas los que tienen que llevar el diálogo con los políticos. La índole secular, los laicos y para eso, como nos acaba de recordar Gaspar, la importancia del acompañamiento en la vida pública.

Hay una frase que ha salido aquí en varios momentos y que dice mucho de lo que acabamos de escuchar. Para mí quizá la frase más luminosa de la exhortación apostólica “Amoris laetitia” que como también se ha dicho aquí. El papa la dice con referencia a la familia pero se puede utilizar también a cualquier otro ámbito de la vida. Cuando el papa dice: “estamos llamados a formar las conciencias y no a sustituirlas”. Creo que mucho de lo que tu acabas de decir es mucho más fácil para el que dirige como para el que recibe. Es más fácil decir mira tú tienes que hacer esto, esto, y esto. Y el otro se va tan contento diciendo me han dicho lo que tengo que hacer. Este proceso es muy rápido pero no es bueno ni es verdadero. Lo importante es formar las conciencias con tiempo, con dedicación, con paciencia y cada uno irá descubriendo en esa conciencia, también, el papel de la sociedad en una cultura del encuentro como nos recordaba, también, Adela Cortina.

Por tanto, yo creo que nos llevamos una buena cantidad de material y de experiencias en nuestras mochilas, en nuestras maletas que seguro que nos van a ayudar, no cabe duda.

Y, después, estamos en una institución, esta Fundación Pablo VI, que es una pionera en lo que acaba de decirnos también Gaspar. Esta Fundación es del cardenal Herrera que intenta formar cristianos para la vida pública. Me parece que es algo que nada inventamos nosotros. Han hecho otros pero que es verdad que nosotros hemos dejado un poco dormir.

Y, termino. Quizá lo único no bueno nos lo da el propio evangelio de lo que hemos reflexionado a lo largo de estos días. Yo, ayer noche, estaba pensando en el pasaje del evangelio de San Lucas de los discípulos de Emaús y creo que es un poco, también, nuestra situación y también nuestra esperanza. Aquellos discípulos vuelven de Jerusalén desesperados, les pesan los pies. Ya sabéis que desde Jerusalén a Emaús hay que bajar y se supone que uno baja ligero. Pero aquellos, parece que el evangelio nos trasmite que, iban despacio, casi que no tenían ganas de volver a su pueblo porque iban a mostrar decepción. Ellos que habían salido para ser gente importante y sus esperanzas se habían visto clavadas en una cruz.

Sin embargo, el caminante que se pone a su lado les enseña a ver la realidad desde otros ojos, desde otra mirada. Y creo que esto es lo que el Evangelio y la Iglesia, la Doctrina Social de la Iglesia nos ayuda y nos sirve, y es a aprender y a mirar la realidad con otra mirada diferente, desde Cristo, desde la experiencia cristiana. Eso es lo que ellos aprenden. “¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicabas las escrituras?”. Ellos aprendieron a ver esa realidad de otro modo, y lo reconocieron. Lo reconocieron en su palabra y lo reconocieron al partir el pan. Esa dimensión Eucarística que tiene, que debe tener, la Doctrina Social de la Iglesia. Y ¿Qué es lo que hicieron los discípulos? Pues volver corriendo, aunque era hacia arriba. Volver alegres a la comunidad para contar como habían visto al Señor y como lo habían reconocido. Digo que esto puede ser un precioso icono de estas jornadas y de lo que se espera de nosotros, de los cristianos en la vida pública. Cada uno en el lugar que ocupa en la iglesia y en la sociedad. Aprender a mirar con los ojos del Señor. Dejar que sea el Señor en el Evangelio el que nos vaya enseñando a mirar la realidad de otro modo y creo que será un gran bien para nosotros y un gran servicio para la sociedad.

Pues muchas gracias. A los que podáis y queráis venir ya os invitamos al curso sobre la figura del papa Pablo VI. Muchas gracias y buen regreso a casa.

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