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Vida religiosa y fraternidad

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Miércoles, 12 de Septiembre de 2012


XX Curso de Doctrina Social de la Iglesia
Fundación Pablo VI, 10-12 de septiembre de 2012 

Rosario Echarri
Área de Justicia y Solidaridad
CONFER

MESA REDONDA: "PRESENCIAS DE LA IGLESIA EN LOS NUEVOS ESCENARIOS SOCIALES"

Agradezco a la organización de este Congreso la oportunidad que nos ofrece a CONFER de poder participar en esta mesa redonda con un tema tan importante como es  “la vida religiosa y fraternidad”. Este evento es una excelente manera de festejar el 50 aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II.

Presentación de CONFER

 La conferencia Española de Religiosos (CONFER) es un organismo de derecho pontificio constituido por los Superiores Mayores de los Institutos Religiosos y Sociedades de Vida Apostólica establecidos en España, en cuanto, legítimos representantes de sus miembros.

El fin fundamental de la CONFER es animar, servir y promover la vida religiosa, procurando la unión de esfuerzos de todos los miembros que la forman y estableciendo la conveniente coordinación y cooperación con la Conferencia Episcopal Española y con cada uno de los Obispos en las cuestiones de interés común, al mayor servicio de la Iglesia. La animación se lleva a cabo por Áreas.

El Área de Justicia y Solidaridad, formada por tres secciones que trabajan de forma coordinada: Justicia, Paz e Integridad de la Creación, Migraciones y Acción Social encuentra su fuente y su razón de ser en una ESPIRITUALIDAD DE LA ENCARNACIÓN, que contempla la historia, la realidad y especialmente el clamor de los oprimidos como lugar de la presencia de Dios.

Desde el sector Acción Social, en este trienio, se está dando prioridad a los ámbitos de “Trata de personas con fines de explotación sexual” e “Infancia Y Adolescencia en riesgo”. En estos sectores se trabaja  en red con Caritas Nacional, Conferencia Episcopal, Justicia y Paz.  En el año 2010 se publicó un  texto: “Trata de personas con fines de explotación sexual. Propuestas de Acción Social y Pastoral”. Actualmente se está preparando, junto con Caritas Nacional y Conferencia Episcopal, secretariado pastoral penitenciario,  una reflexión sobre el tema del “Fracaso Escolar”.

1.- Introducción

Merece la pena recordar que Juan XXIII al convocar el Concilio, tuvo el propósito de reorientar a la Iglesia católica ante los ingentes cambios surgidos en la sociedad.

Ante este vertiginoso panorama de cambios, la Iglesia decidió “ponerse al día” –aquello que se llamó “aggiornamento”- para encontrar su sitio en la nueva sociedad y elaborar su propuesta. Pretendía ser un concilio eminentemente pastoral, aunque también lo fuera doctrinal. Por ello lo primero que hicieron los responsables de la Iglesia fue hacer una lectura de lo que estaba ocurriendo en el mundo. Era preciso discernir la presencia del Espíritu Santo, ya que este sería el punto de partida para la conversión de la misma Iglesia; para entender mejor el Evangelio.

Gracias al Concilio, la vida religiosa fue enriquecida por una rápida transformación. El Decreto Perfectae Caritatis supuso una brújula que iba a orientar el caminar de la vida religiosa. Hubo un deseo sincero de “volver a los orígenes” y se intentó recuperar la frescura, sencillez y compromiso con los más pobres, a ejemplo de la Iglesia de Jesús formada por los excluidos de la sociedad de esa época. Aunque  hubo divisiones internas y radicalización de posturas, el Concilio imprimió profecía y testimonio, y las deserciones que se dieron no pudieron opacar ese momento particularmente renovador e inspirador.

El Concilio Vaticano II redescubrió la importancia básica de la fraternidad en la vida consagrada. Ésta se presenta como una vivencia fraternal del evangelio y se dice, con razón, que allí radica su principal testimonio; que ésa es la forma de hacer presente la salvación de Jesucristo que posibilitó la comunión fraterna entre los hombres. Desde los principios de la vida cenobítica se dio una gran importancia a la vida común en fraternidad, centrada en Cristo, origen y meta de la comunión.

2.- Contexto social

El actual contexto social está marcado por los profundos cambios sociales que se están produciendo y son causa de fuerte inestabilidad y sufrimiento que afecta a los grupos sociales más vulnerables.

Caritas en el Informe Foessa 2012 nos habla del posible incremento del número de personas en situación de pobreza y/o exclusión social en los próximos cinco años; del endurecimiento del actual periodo de crisis, del desmantelamiento de las coberturas sociales, la incapacidad de la política para solucionar los problemas derivados de los errores y abusos cometidos, la falta de formación y expectativas en los más jóvenes. El aumento de personas sin recursos propios: desempleados de larga duración, desempleados inmigrantes en situación regularizada o en irregularidad sobrevenida, personas sin hogar, especialmente inmigrantes…[1]. 

La sociedad de consumo ha contribuido a la individualización y atomización de la sociedad y ha convertido al ciudadano, sujeto de derechos y deberes, en simple consumidor. Se ha producido, por lo tanto, un cierto abandono de lo común y de lo colectivo por parte de una ciudadanía cada vez más complaciente, acomodada y aletargada por el consumo y la sociedad del bienestar.

Nos hemos preocupado, como nos decía hace unos meses en CONFER Imanol Zubero,  más de los “proble-cómos”, aspectos relacionados con la gestión de las cosa,  y no tanto de los “problequés”, que tienen que ver con los valores, las ideas, los horizontes, los proyectos comunes.

En este contexto es importante comunicar esperanza y no olvidar desde dónde se mira la historia;  el Evangelio nos obliga a mirarla siempre desde los desheredados, los “nadies”, los últimos de los últimos.

Creer y saber que otro mundo es posible, o mejor dicho, que ya está siendo posible (si tenemos en cuenta los pequeños cambios, los logros legislativos y sociales, la creciente toma de conciencia de la población, etc.), es esencial para alimentar las transformaciones y superar el momento actual.

En este contexto, la experiencia de fraternidad propuesta por el Evangelio es urgente y la vr puede signo profético contra el individualismo, contra el consumismo desenfrenado.

3.- Vida religiosa: Jesús que convoca

Todo comienza, para los discípulos con un encuentro[2]. Hombres y mujeres de Galilea que entran en contacto con Jesús  de Nazaret y se quedaron con El. El encuentro cambió sus vidas. Jesús les anuncia la misericordia  de Dios,  la alegría del Reino presente entre nosotros, en los pobres y sencillos de corazón,  la fuerza irresistible del amor y de la capacidad  regeneradora del perdón; les anuncia la fraternidad universal en el Padre, el cual nos ha hecho familiares suyos, sus hijos y hermanos entre nosotros. Así enseñó la igualdad en la fraternidad y la reconciliación en el perdón. Les propone vivir en la itinerancia, comunicar el mensaje del Reino y la fraternidad universal en el Padre, que nos ha hecho hijos suyos y hermanos entre nosotros.[3] Les invita a dejarlo todo lo anterior: trabajo, tradiciones, bienes, familia, planes de futuro. Los discípulos se sienten renovados y comprendidos, acogidos, sanados y liberados por Jesús que los llamó amigos y no siervos. Aprendieron a dirigirse a Dios con sencillez, a reconocerlo  como Padre de todos los hombres y mujeres, experimentan que la fraternidad se renueva y construye en este reconocimiento. El encuentro con Jesús, les devuelve la dignidad  de ser hijos y les abre horizontes nuevos de esperanza  para su existencia.

Al reflexionar y hablar de la Vida consagrada, pensamos en la vida de hombres y  mujeres, que por la fe,  en la historia, decidieron, sin dudar, ponerse en seguimiento de Jesús asumiendo su estilo de vida y abriendo rutas seguras para quienes buscan a Dios.[4] Fueron memoria viviente del Cristo del Evangelio, que discierne y busca la voluntad del Padre, que ama a todos, en especial a los más pobres y vulnerables, fueron memoria del Cristo orante e itinerante. También hoy queremos vivir estas dimensiones evangélicas.

4.- Vida religiosa y fraternidad

La fraternidad  no es solo un  sentimiento filantrópico  que lleva a una relación de afecto y amistad con los semejantes. Jesús nos reveló nuevas  dimensiones que nos permiten  comprender mejor el sentido profundo  de los vínculos de hermandad que  Dios ha querido que existan entre los seres humanos.

Nos revela que Dios, creando el ser humano a su imagen y semejanza, lo ha creado para la comunión. El Dios creador que se ha revelado como Amor, como Trinidad y comunión, ha llamado al hombre a entrar en íntima relación con Él y a la comunión interpersonal, o sea, a la fraternidad universal[5].  Esta es la más alta vocación del hombre: entrar en comunión con Dios y con los otros hombres, sus hermanos.

Este designio de Dios quedó comprometido por el pecado, que rompió todas las relaciones: entre el género humano y Dios, entre el hombre y la mujer, entre hermano y hermano, entre los pueblos, entre la humanidad y la creación. De hecho hemos roto la fraternidad al confundir el ser con el hacer, poseer…

A lo largo de la historia de la vr,  la experiencia de fraternidad,  el compartir lo  que se es y lo que se tiene con los hermanos pobres y vulnerables, ha sido un elemento fundamental, teniendo como punto de referencia la primitiva comunidad de Jerusalén (Mc 3,13-14; He 2,42-47). Recordamos a grandes rasgos la historia,  de los primeros monjes: Pacomio muestra una fuerte preocupación por la vida de fraternidad y comunión entre los monjes. Sufre por la falta de ella en la sociedad de su tiempo. Invita a llevar el peso de los hermanos y a solidarizarse con todos los hombres. La fraternidad para él es una vida de amor intenso y de servicio mutuo. Así en la vida de los frailes en el siglo XIII. Una doble fraternidad impulsa a los mendicantes: al interior del grupo, demuestran que es posible vivir los valores evangélicos  en un mundo burgués y materializado y la proyección apostólica que los conduce  a atender fraternalmente  a los cristianos en un periodo de abandono pastoral. Las reformas del s. XVI intentan restablecer la igualdad fraterna, renunciando a las diferencias  sociales que se habían introducido en los  conventos.

Con el pasar del tiempo comenzó a predominar el aspecto de la colectividad/normativo sobre el comunitario-fraternal.

A partir del Concilio Vaticano II, se ha redescubierto la importancia de la fraternidad en la vida religiosa. Esta se presenta como una vivencia fraternal del evangelio y dice (VC,42) que en ella radica su principal testimonio, que esta es la forma de hacer presente  la salvación de Jesucristo que posibilitó la fraternidad entre todos nosotros.  Por lo tanto la  fraternidad  abre a la vida religiosa a la universalidad en la diversidad.

La fraternidad hace que la vida religiosa sea un signo, independientemente de  lo que cada comunidad haga o del apostolado  al que se dedique: personas diferentes, de diferentes culturas y razas, con diferentes sensibilidades y con diferentes edades… y que, no obstante los inevitables conflictos y dificultades que una vida en común lleva consigo, viven juntos/as, oran juntas, construyen un proyecto comunitario  día a día, crecen juntos humana y espiritualmente e intentan ser fieles a la llamada de Dios. Nuestro paradigma para vivir la vida en fraternidad es el icono de los Hchos (4, 32-37;  Lc 4,16-22) y poner en práctica el “mandamiento nuevo” del Señor: el amor fraterno (Jn 13,34; 17,11) que requiere vivir todo lo que voy a decir y más:

  • Fidelidad al Carisma congregacional
    Una fidelidad creativa, es la búsqueda de la fidelidad al don de Dios que necesita de una encarnación para ponerlo al servicio de los demás. Obliga a hacer un discernimiento continuo, para distinguir en modo adecuado las formas, los estilos, costumbres, etc que puedan pertenecer a la esencia del carisma y sean los más adecuados a las necesidades de los pobres a quienes queremos servir.
  • prontitud para acoger el hermano/a tal como es “sin juzgarlo”, (Mt 7,1-2) y capacidad de perdonar hasta “setenta veces siete” (Mt 18,22).  Como hermanos/as, han de adelantarse unos a otros en el trato fraterno con muestras deferencia (cf. Rom 12,10),  llevando unos las cargas de los demás (cf. Gal 6,2)[6].
    La realidad  de nuestra convocación nos invita a “vivirnos en plural” y reconocernos mutuamente como mediación a ayudarnos a crecer en la propia vocación. Es el “espacio teologal”, dice VC, nº 42 en el que Dios comunica su vida y educa la persona a la libertad para el amor.
    Medio indispensable para vivir y crecer en fraternidad es el diálogo, la comunicación de lo que vivimos y cómo lo vivimos.[7]  Estas actitudes y prácticas permiten que cada comunidad sea como verdadera familia en el nombre del Señor, goza de su presencia (cf. Mt 18,20) y testimoniar que  la fraternidad-sororidad son posibles.
  • Disponibilidad  total para el servicio, para la Misión: de la  unidad de los hermanos emana una gran fuerza apostólica. [8]
    Las comunidades religiosas estamos configuradas por una opción a favor de los más pobres. Nacimos como respuesta a un clamor de pobreza, de esclavitud, de abandono; anunciamos la buena nueva de la misericordia, del recupero de la dignidad humana, de Esperanza, al mismo tiempo que denunciamos estructuras de violencia e injusticia. La fraternidad nos lleva a centrar la vida en un proyecto común, en el proyecto de vida y misión compartida. Este es el centro afectivo de la comunidad.
  • Poner  todo en común: bienes materiales y experiencias espirituales, talentos e inspiraciones, ideales apostólicos  y servicios de caridad.[9]
    Es una exigencia el poner todo en común: “En la vida comunitaria la energía del Espíritu que hay en uno pasa contemporáneamente a todos. El propio don se multiplica al hacer a los otros partícipes de el.
  • Continuar la dinámica de la  intercongregacionalidad
    Como una nueva realidad de la vr en nuestra época y un testimonio de las búsquedas actuales para responder a nuevas necesidades. En el 2009 en la asamblea de CONFER, se habla de la intercongregacionalidad como  intercomunión, es decir  expresión de la eclesiología de comunión. Es una forma de crear algo nuevo. A pesar de la fragilidad  se afirma la conciencia de la necesidad que tenemos los unos de los otros para crecer, para inventar nuevas solidaridades y prepararnos para acoger el futuro en la fuerza del Espíritu.[10] 

Para dar  profundidad a la fraternidad nos nutrimos  del Evangelio, la sagrada Escritura, de la Eucaristía. En la oración se alimenta la comunión en el Espíritu.cf. Act 2,4.2).

La vida religiosa necesita de la oración, a nivel personal y a nivel comunitario. Una mediación imprescindible para la experiencia carismática de la vida religiosa es la celebración comunitaria de la fe.

Las celebraciones litúrgicas alimentan la fe, la esperanza, el amor; permiten procesar la historia propia y la ajena a la luz de la Palabra: nos permite recobrar ánimos y recursos teologales para mantenernos en el seguimiento radical de Jesús[11].

 5.- Vida religiosa y profecía-fraternidad: creadora de comunidad

La VR está llamada a ser creadora de Fraternidad. La encarna, la vive con sencillez y Esperanza; fomenta la comunión, es presencia samaritana por los caminos de nuestro mundo y en ella el sufrimiento de los pobres tiene cabida y resonancia. Promueve los valores del reino: paz, justicia, vida y amor para todos, sin duda asumen una postura profético-transformadora. Entonces será capaz de proponer un paradigma político,  económico y cultural que respeta la dignidad de cada persona.

“La opción por los pobres es inherente a la dinámica misma del amor vivido según Cristo, los que queremos  seguir al Señor más de cerca, imitando sus actitudes, nos sentimos implicados en esta dinámica de una manera del todo singular. La respuesta al amor de Cristo nos conduce a vivir como pobres y abrazar la causa de los pobres…. a denunciar, de la manera más adecuada a nuestra opción, las injusticias cometidas contra tantos hijos e hijas de Dios, y de comprometernos en la promoción de la justicia en el ambiente social en el que actuamos”[12].

Por ello, la fraternidad nos interpela a tejer lazos de comunión con todos, a ser creadores de comunidad humana sintiéndonos parte activa de la colectividad, comprometiéndonos  en nuestros barrios, en nuestros pueblos, en nuestras ciudades, en nuestro país, en lo que está sucediendo  hoy en nuestro mundo, en modo de identificarnos con “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestros tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren. Que todo lo humano tenga un eco en nuestro corazón.[13]

6.- Experiencia desde CONFER

La Vida Religiosa española queriendo ser fiel a la realidad actual, y dar respuestas adecuadas, al inicio de la crisis, desde el Área Justicia y Solidaridad, se envió un Cuestionario  a las comunidades pidiendo compartieran las acciones y opciones comunitarias o provinciales ante la crisis económica”.

  • Las respuestas ponían de manifiesto, que la implicación de la Vida Religiosa de España, en ese momento era significativa. Aparecían  gestos, apuestas, actividades que apuntaban a paliar situaciones puntuales, en unos casos, (aumento de la colaboración económica con Caritas, compartir dinero, alimentos, bienes, poner a disposición inmuebles, etc…) y acciones  en otros casos que apuntaban a colaborar en la construcción de otro modo de gestionar nuestros bienes, propiedades y a gritar con otros que era y es  urgente un cambio de ritmo a nivel global. Se estaban sensibilizando, y se notaba una creciente conciencia de ciudadanía, expresada en los distintos modos de  participación en manifestaciones por causas justas. Varias comunidades reducen  sus gastos en compras, obras, otras comodidades… para poder compartir con personas que tienen mucho menos.

Hoy podemos vivir la crisis tal vez como una derrota, pero también como una llamada del Espíritu, una oportunidad de cambio, de conversión, de mejora en nuestras relaciones.

Nos preguntamos con Pedro Casaldáliga ¿Queremos salvar el sistema o queremos salvar la humanidad?  Queremos estar y salvar la humanidad, posicionarnos, también hoy, de la parte de los más vulnerables.

Para ello es necesario un continuo discernimiento para vivir en mayor coherencia con las necesidades reales de los pobres.  Todos nosotros, desde la vr, nos preguntamos:

  • ¿Queremos vivir la Austeridad de vida, como nos recordaba Don Vicente Jiménez, Presidente de la Comisión para la Vida Consagrada y contemplativa en la Conferencia Episcopal Española, entendida como ejercicio de responsabilidad con todos los bienes creados, sometidos hoy a una feroz explotación y La austeridad, hoy, tiene relación directa con la preocupación por la salvaguarda de la Creación. Entendida también como responsabilidad con el prójimo que no tiene capacidad de acceder a los bienes de consumo. Por eso, no se trata de gastar menos para ahorrar más, sino para compartir mejor.
  • ¿Creemos que la Solidaridad hace que el hermano/a no sólo entra en mi horizonte de compresión, sino que se hace existencialmente prolongación de mi propio yo en cuanto a dignidad y derechos (para las y los cristianos, por filiación divina).
  • ¿Queremos continuar la cooperación con y en organizaciones que tienen como fin ponerse al servicio de la persona: caritativas, culturales, defensa de los derechos de género, diocesanas, nacionales e internacionales, evitando la tentación de un replegarse en nuestras instituciones?.
  • ¿Estamos dispuestos a reducir nuestro consumo para compartir más?. Pero lo fundamental es “compartirnos, nuestro tiempo para la escucha, la acción solidaria transformadora, etc. Ejemplo de ello son muchas hermanas jubiladas que son enviadas a Centros para personas en situaciones difíciles donde ejercen el ministerio de la escucha y acompañan a personas víctimas de la crisis.
  • ¿Apostamos por un consumo responsable, es decir, adquiriendo en los pequeños comercios de los barrios, colaborando en su fortalecimiento?. Sabemos que la crisis favorece a las grandes cadenas.
  • ¿Valoramos la importancia de dar respuestas en red? En algunos lugares, las comunidades religiosas han coordinado sus gestos y acciones, han unido sinergias a la hora de paliar situaciones precarias de personas, de defender los derechos humanos allí donde son menospreciados, sobre todo a causa de la violencia de género.
  • Y ¿de estar presentes en Redes específicas que denuncian situaciones concretas de injusticia: trata de personas, la compraventa de personas, destinadas a reforzar las mafias dedicadas a enriquecerse con la mendicidad, venta de órganos, trata de personas que terminan ejerciendo prostitución?.
  • ¿Nos urge impulsar más la Banca ética? ¿Surge la necesidad de informarse sobre esta realidad al preguntase dónde van nuestros ahorros, a quién benefician? Algunas Congregaciones están haciendo una seria reflexión para asumir una determinada práctica en este sector, y algunas ya están muy implicadas, según criterios de justicia y solidaridad.

El sentido de fraternidad universal requiere una actitud de discernimiento que nos permita identificar el querer de Dios hoy, en medio de su pueblo y conlleva crecer en conciencia de ciudadanía, que está en relación con el cuidar, con el cuidado. Ser y sentirse ciudadano es ser, como dice Esteban Tabares, parte activa de la sociedad y cuidar de que ésta logre sus mejores objetivos para todos sus miembros sin excepción. (Buen Samaritano)

7.- Retos y propuestas:

Creer en la fraternidad es trabajar y luchar por ella sin tirar la toalla aun en los momentos de dificultad. La Esperanza, mientras trabajamos por la comunión todavía ausente, es la mejor prueba  de que estamos animados por el Espíritu. Hoy nos pone estos retos:

1.-  En estos tiempos de crisis, no solo de sistema sino de valores, vivir la fraternidad requiere ser buscadores infatigables de lo esencial que es Dios Padre de la humanidad. Fijarnos más en lo que somos que en lo que tenemos.

2.-  Promover una espiritualidad de la comunión que capacite para  sentir al hermano de fe como « uno que me pertenece », para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad.

3.-  Crecer en la espiritualidad de ojos abiertos para ver y hacer propio el dolor y sufrimiento ajeno así como detectar la vida que surge en los márgenes de la sociedad.

4.- Crecer en la solidaridad, continuar el secular ejercicio del compartir,  lo que somos y tenemos, en todas las direcciones y en todos los ámbitos de la existencia, sobre todo con los más desfavorecidos.

5.- Elaborar y llevar a cabo nuevos proyectos de evangelización para las situaciones actuales.

8.- Conclusión

Concluyo  haciendo referencia a  las palabras de Mons. VICENTE JIMÉNEZ publicadas en el  periódico “Iglesia Cantabria y Mena” en ocasión de la celebración del día de la vida Consagrada  2012: “La vida consagrada, en la riqueza de familias religiosas y de diversidad de carismas en sus formas antiguas y nuevas, tiene un gran valor para la vida de la Iglesia en España por su ser y por su acción. La vida religiosa, en la variedad de sus expresiones, es siempre un don de Dios a su Iglesia y un signo de la inagotable creatividad del Espíritu Santo, que no se repite ni se contradice.

La vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia como un elemento decisivo para su misión. No es algo del pasado, sino que es un don precioso y necesario para el presente y el futuro del Pueblo de Dios, porque pertenece íntimamente a su vida, a su santidad y misión (cfr. LG 44). Por tanto, no puede estar al margen ni ausente de la acción misionera de la Iglesia.

La vida consagrada es un don que la Iglesia ha recibido del Señor para que el reino de Dios se dilate por todo el mundo”. LG, 43.



[1] F J Jiménez Gómez, secretario General de CD de Málaga. Ponencia “Crisis: dificultades, retos y oportunidades para Caritas” Reflexiones en torno al Modelo de Acción Social .  El Escorial 23 y 24 de febrero de 2012

[2] PF,nº18

[3] VFeC,nº 9

[4] VC nº 108.

[5] GSnº3

[6] VC,nº42

[7] Revista CONFER vol. 51 Nº 194 pag. 221

[8] PC nº 15

[9] VC nº42

[10] CONFER. La intercongregacionalidad. Un fruto  maduro  en la estación de la globalización. Madrid 2009

[11] Situación actual y desafíos de la VR. Felicísimo Martínez Frontera Hegian, Nº 44,pag 35.

[12] VC 82

[13] GS. 1

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