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Catequesis y Doctrina Social de la Iglesia

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Miércoles, 12 de Septiembre de 2012


XX Curso de Doctrina Social de la Iglesia
Fundación Pablo VI, 10-12 de septiembre de 2012 


MartinBarrios

Juan Luis Martín Barrios
Director del Secretariado de la
Subcomisión Episcopal de Catequesis

MESA REDONDA: "LA FORMACIÓN DE LA DSI EN LA COMUNIDAD CRISTIANA"

En este momento difícil y apasionante en la Iglesia y en el mundo, a punto de inaugurarse el Año de la fe proclamado por el Papa Benedicto XVI, quiero recordar agradecidamente la convocatoria del Sínodo sobre “la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Ello se debe a la celebración del 50º de la apertura del Vaticano II, pero también al 20º de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. Subrayo la finalidad del Sínodo “para la transmisión de la fe cristiana” y el acontecimiento del Catecismo. En este contexto agradezco al Aula Pablo VI, en la persona de mi amigo y compañero D. Fernando, la invitación a participar con todos Uds. en este Curso.

A modo de introducción

Quisiera ser esta tarde como aquel muchacho del que nos habla san Juan en su evangelio (Jn 6). En la parte nororiental del lago de Galilea, a eso de las diez de la mañana de un viernes, Jesús, con cinco de sus discípulos, atraviesa una de las aldeas en las que se les reúne un grupo de gente, principalmente mujeres, algún anciano y un puñado de niños. Jesús lee en sus corazones un sentimiento de pesar motivado por una enfermedad llamada “preocupación”: cómo trabajar para comer, comer para vivir, vivir para trabajar… Algunos de sus síntomas eran vivir en el después y no en el ahora, vivir en el ensueño y no en la realidad, buscar por fuera lo que anida dentro. Y esa enfermedad tenía dos ramificaciones: la obsesión de trabajar más para vivir mejor y la depresión de no poder vivir mejor por no tener más. Auscultando en su interior, Jesús les dice que la felicidad que buscan no está fuera, sino dentro. Y les habla del Reino de Dios: todos sois hermanos porque tenéis un solo Padre y tenéis que amaros más, mejor y de otra manera. Y todo se lo exponía en parábolas: el Reino se parece a un sembrador…; a un rey que prepara la boda de su hijo…; a un grano de mostaza… etc. El discípulo Andrés le llama la atención porque llegaba la hora de comer y aquellas gentes tendrían que irse a casa. Jesús le dice, dadles vosotros de comer. Había allí un muchacho, mochila al hombro, parece iría fin de semana, que al escuchar a Jesús, notaba cómo se le abrían el corazón y las manos y ofreció lo que tenía, su bocata de pescado. Jesús, cogió el pan y los peces, miro al Padre y miró a la gente, todos comieron su pinchito y nadie pasó hambre. Y es que cuando lo que somos y tenemos lo ponemos en manos de Jesús, él lo multiplica. Así quisiera ser yo esta tarde y ofrecerles “mi chusco de pan” que es la catequesis. Y lo hago desde tres mesas: la de la reflexión por medio del estudio, la del reclinatorio por medio de la oración y la de la pastoral por medio de la experiencia de ser cura de pueblo, donde imparto catequesis cada semana, y de ser delegado de diocesano de catequesis.

1. La Doctrina Social de la Iglesia en Catequesis

Comienzo por formular lo que entiendo por catequesis y para ello parto de la etimología “katejein”, que aparece en el corpus paulino y en los Hechos de los Apóstoles. Antes de nada, les ruego que hagan el esfuerzo de que cuando hable de catequesis no piensen ni en destinatarios, generalmente niños, ni en sacramentos, generalmente de iniciación, no. La catequesis consiste en “ayudar a que el mensaje resuene en el corazón del oyente para convertirlo en creyente y transformarlo en agente”. Esa importancia de la acción eclesial, así entendida, tiene mucho que ver con la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

La primera vez que aparece formulada la DSI en el ámbito catequético es en el Sínodo de Obispos de 1977, cuando los padres sinodales dicen que a la catequesis le está faltando algo que es fundamental, la DSI. Más tarde, Juan Pablo II la incluyó en Catechesi Tradendae (CT) de 1979, que recoge e ilumina el ser y el quehacer de la catequesis en la Iglesia y en el mundo. En 1992 aparece explícitamente formulada en el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), pues aunque implícitamente ya lo estaba aún no se había formulado catequéticamente.

Después de CT, el Papa propone al cardenal J. Ratzinger la idea de elaborar un Compendio de la Doctrina Cristiana llamado Catecismo y le pide que en ese texto se incluya la DSI, es decir, lo que es la preocupación del hombre por el hombre, por todos los hombres y por el mundo. Confiesa el cardenal que se las vio y se las deseó para encontrar un equipo tan plural y diverso capaz de unificar el deseo de un catecismo primero y que recogiese todas las orientaciones después.

Tras el Catecismo de la Iglesia Católica aparece el Directorio General para la Catequesis (1997), instrumento de orientación a través del cual la Iglesia debe orientar y canalizar dicha acción eclesial. El Directorio señala el tema social insistentemente en lo que son las orientaciones. Después aparece el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005) que recoge también la DSI, lo mismo que el Youcat (2011), llamado catecismo para los jóvenes, que también la incluye. Ambos documentos, Compendio y Youcat, conducen a trabajar y profundizar en el CEC.

1.1 Los principios fundamentales

Tengo que decir que los cuatro principios de la DSI a favor del hombre, tanto en lo referente a su dignidad personal como a la convivencia social, léase: la personalidad, el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad han estado presentes en la catequesis, y como dijimos antes, más implícita que explícitamente, si bien de manera explícita estarán a partir de CT, al menos en su formulación, y más expresamente en el CEC.

Tres son los aspectos donde la DSI ha estado implícitamente en todo el quehacer catequético. A saber: cuando se trata de la creación del hombre, cuando Jesucristo habla del Reino y, atendiendo a la estructura más común, en la tercera parte del los catecismos cuando se habla de la dimensión moral del cristiano.

a) La creación y, más concretamente, la creación del hombre. La Sagrada Escritura dice que Dios creó al hombre “a su imagen y semejanza”. ¿Dónde está la impronta de Dios en el hombre? Releyendo las primeras páginas del Génesis, que están reflejadas en los diversos itinerarios de transmisión de la fe, especialmente a través de los catecismos, dicha impronta queda marcada en tres gestos: la palabra como capacidad de comunicar (“y dijo Dios”); la sexualidad como capacidad de amar (“sed fecundos, multiplicaos”); y el trabajo como capacidad de transformar (“llenad la tierra y sometedla”). En estas tres realidades está encuadrada la dignidad del hombre de la que trata la DSI.

b) El segundo aspecto es cuando Jesucristo habla del Reino de Dios, que sencillamente podemos formular así: “el Reino de Dios consiste en que todos vosotros sois hermanos porque tenéis un solo Padre y tenéis que amaros más, mejor y de otra manera”. Fraternidad que emana de la Paternidad y cuya norma fundamental es el Mandamiento Nuevo.

c) Y el tercer aspecto, que lo tocan todos los catecismos en la tercera parte, cuando se habla de la dimensión moral, más concretamente, en el 7º Mandamiento. Así lo recoge el CEC, al explicar este mandamiento, al explicar las Bienaventuranzas, que son el camino para que el Reino de Dios venga a nosotros, y al explicar las virtudes teologales, especialmente la caridad, pues ésta es el camino principal de la DSI.

1.2 Momentos distintos y complementarios

Con cuanto venimos diciendo, me atrevo a diferenciar como cuatro momentos distintos y complementarios en el quehacer catequético:

a) Uno más teórico, incluso abstracto, en la catequesis anterior al Concilio, donde la Doctrina, como ya hemos repetido, queda reducida a los Diez Mandamientos, principalmente al séptimo.

b) Otro más concreto y práctico se da en torno al año 1966, con la incorporación de muchos militantes de Acción Católica. Un momento de crisis para la Acción Católica pero una bendición para el movimiento catequético, pues muchos militantes pasaron a colaborar como catequistas en las parroquias. Dichos militantes trajeron consigo tanto el método del ver-juzgar-actuar, en orden a hacer el análisis de la realidad, como el uso de la Biblia en orden a iluminar la situación y responder, en consecuencia, personal y grupalmente.

c) Un tercero, más de orientación y reflexión, se da a través de la Catechesi Tradendae y del Directorio General para la Catequesis.

d) Finalmente, un cuarto momento más práctico, donde se juntan reflexión y acción con la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica (1992), de su Compendio (2005) y del Youcat (2011). También podemos incluir en esta dinámica ya los nuevos itinerarios de catequesis al servicio de la iniciación cristiana en el contexto de la nueva evangelización.

Para ver con mayor claridad estos cuatro momentos, vamos a destacar tres aspectos a través de un ejemplo muy elocuente que tiene que ver con la DSI, la caridad y la dignidad humana. Se trata de ver los acentos que la catequesis señala sobre la Eucaristía en el proceso de cambio desde los tiempos de Juan XXIII, tiempos anteriores al Vaticano II, hasta nuestros días. Así:

Primer momento: antes del Concilio: Los acentos recaían en el encuentro personal con Jesucristo: en el sacramento del altar Cristo desciende del cielo; en la comunión es dulce huésped del alma; y las palabras clave eran: presencia real, huésped, adoración, dispensador de gracias.

Segundo momento: Vaticano II y postconcilio: Sin negar otros aspectos, se destaca la dimensión comunitaria; en la Eucaristía, Cristo se reúne, no solo conmigo sino con nosotros, pero dentro de los muros de la Iglesia.

Tercer momento: a partir de profetas como Mons. Helder Cámara con su obra sobre “La eucaristía y los pobres” o su intervención en el Congreso de Río de Janeiro (1955) al hablar de “la hora de Damasco”, así como M. Teresa de Calcuta cuando dice: “Vemos a Cristo en la elevación de la Hostia y en los parias de los barrios pobres. Si no fuera así, ningún poder del mundo podría moverme a hacer esto”. En ambos testigos del amor de Dios se percibe cómo un momento vivifica al otro, pero sin que el uno se disuelva en el otro. Cristianos así vivirán lo que confiesan y realizarán lo que creen. Por aquí van muchos de los materiales catequéticos a la hora de formular el entronque entre eucaristía y servicio a los hombres.

2. El Directorio General de Catequesis

Vamos a centrarnos a continuación en las claves que iluminan cuanto venimos diciendo y que proceden del DGC, y que a su vez emanan de las orientaciones de Catechesi Tradendae y de Sollicitudo Rei Socialis, que por cierto se cita en varias ocasiones en el Directorio. Al hacer este proceso hay como cuatro criterios en los que el DGC toca la DSI y que hemos podido percibir de la siguiente manera:

2.1 Análisis de la situación

Análisis desde donde y cuando se va a transmitir la fe. El Directorio lo hace en tres claves: desde el principio de la doble fidelidad, a Dios en su mensaje y al hombre en su contexto (n. 133); desde el cuidado por procurar y propiciar una sensibilidad social (n. 16); y desde la preocupación por transmitir la fe a través de los areópagos modernos (nn. 17 y 20), algunos de los cuales son el ejercicio de la caridad según SRS: trabajar por la paz, el desarrollo de los pueblos, la dignidad humana, etc. (n. 18)

2.2 Finalidad y tareas

El segundo criterio del DGC aparece al tratar la finalidad y tareas de la catequesis. Y lo hace al hablar de la espiritualidad trinitaria cuando incluye el ejercicio de la comunión, el mandamiento nuevo, etc. (nn. 81-83); al hablar del sentido eclesial y de la corresponsabilidad; y al hablar de la preocupación social (nn. 104 y 175).

2.3 Contenidos

En el tema de los contenidos de la catequesis, cuyo objetico último es la confesión de la fe, entendida como la adhesión del hombre al Dios revelado en Jesucristo, que vino por nuestra salvación, nuestra liberación, pues rotas las cadenas del pecado, que atan el corazón, se pueden romper las otras cadenas que nos atan por fuera, en las estructuras sociales (nn. 50 y 103). Conjuntar la ruptura de ambas es lo que nos conduce a la conversión. El CEC lo especifica más en el tema del 7º mandamiento, pero lo trata también al hablar de la creación, del reino y de la virtud de la caridad.

2.4 Catequistas

El cuarto punto del DGC son los catequistas (n. 242). Pienso que ellos, junto con los sacerdotes al celebrar la eucaristía, constituyen la riqueza más hermosa de la Iglesia. Si no hay catequistas, no hay catequesis; si no hay catequesis, no hay fe; si no hay fe, no hay iglesia. Pensemos que, desde los rincones más olvidados de nuestra geografía hasta las parroquias de las grandes urbes, los catequistas están transmitiendo la fe en Jesucristo como único Señor y el mandamiento nuevo a favor de todos los hombres, especialmente de los pobres. ¿Qué se les pide? Que sean expertos en humanidad, es decir, que estén sensibles a la realidad de los destinatarios en sus alegrías, sufrimientos, esperanzas…; que sean expertos en la fe de la Iglesia, en la que entra la sensibilización social; y que sean expertos acompañantes de camino, de todos, pero especialmente de los más necesitados de cualquier clase y condición.

3. El Catecismo y los catecismos.

El CEC recoge todas esas indicaciones (CEC 2419-2425) y las trata en cuatro apartados, que, a su vez, están recogidos en el índice de la última edición:

  1. Aspectos temporales de la DSI.
  2. Consejos para la acción de la DSI.
  3. El curso de la historia visto a la luz de la fe, no sólo como lectura creyente de la realidad sino también en el ámbito de la encarnación.
  4. El amor a los pobres y de los pobres. Así se expresa muchas veces el Catecismo, por ejemplo, cuando dice, vamos a evangelizar o a ser evangelizados.

Con satisfacción podemos decir que en la elaboración de los nuevos catecismos de la Iglesia en España para la iniciación cristiana, los obispos al aprobar dichos documentos de la fe están acertados al incluir los principios de la DSI, y nos referimos más concretamente a Jesús es el Señor y al de próxima aparición Testigos del Señor. No incluyo el libro Los primeros pasos en la fe para los cristianos más pequeños, niños de 6-7 años, en el que se habla de las  maravillas de la creación y del hombre que habita la casa común del mundo, donde comparte la vida con los demás hombres que son hijos de Dios y hermanos nuestros. En Jesus es el Señor, para niños de 8 y 9 años, sin especificar la DSI, sí que está presente en tres temas: Jesús nos trae el Reino; Jesús pasó por el mundo haciendo el bien; y Amemos a los demás como hermanos. Testigos del Señor, todavía en máquinas y que  ha de ser aprobado por la Conferencia Episcopal, está destinado a chicos de 10 a 14 años, será el segundo catecismo para la iniciación cristiana. Sí que podemos adelantar que en su interior se incluyen los cuatro principios de la DSI indicados más arriba. Además de ser referida en el 7º y 10º mandamientos, así como al hablar de las Bienaventuranzas, abarca también el 5º y el 6º al tratar sobre la dignidad del hombre y el don de la vida.

Conclusión: “Vida nueva en Cristo”

Concluimos: a la luz de la catequesis y los catecismos, siguiendo los diversos itinerarios de las transmisión de la fe, la vida nueva en Cristo conlleva a la liberación integral de todo el hombre y de todos los hombres, a la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna, al trabajo por la justicia y a la construcción de la paz.

Señoras y señores, nosotros ponemos la letra, estamos convencidos que el Espíritu Santo pondrá la música ¡Muchas gracias!

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