Skip to Menu Skip to Content Skip to Footer

El papel de la Sociedad Civil en una cultura del encuentro

Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Dra. Adela Cortina Ors Lunes, 12 de Septiembre de 2016

XXIII Curso de Doctrina Social de la Iglesia
Fundación Pablo VI, 12-14 de septiembre de 2016


Dra. Adela Cortina Ors
Catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

CONFERENCIA

Ante todo, muchas gracias por la invitación a estar aquí, esta tarde, con todos vosotros.  Además, con gente, mucha de ella amiga,  a la que he ido viendo tiempo tras tiempo y veo que andamos todos en la brecha y con ciertos achaques de salud pero todavía vamos resistiendo. Entonces, creo que eso siempre es una buena noticia y, para mí,  es un gusto veros a todos.

A mí me ha cabido  en suerte hablar  del papel de la sociedad civil en la cultura del encuentro. Y aunque ya se ha hablado, por lo menos  en la mesa anterior, yo no pude venir antes. Se ha hablado del papel de la sociedad civil, yo voy a entrar, también,  obviamente en el tema.

En principio quería recordar que en el año 1993, no sé si lo recuerdan los presentes, Samuel Huntington publicó un libro que llevaba por título  El choque de las civilizaciones.

El choque de las civilizaciones fue un artículo que trataba de dar el siguiente mensaje: a partir de este momento, a partir de los años  1990, el motor de la historia  no va a ser la lucha de clases; el motor de la historia no va a ser la lucha  ideológica, sino que  la clave de la historia va a ser el choque de las civilizaciones. En la versión marxista de la historia era que el motor de la historia es la lucha entre las clases. Fukuyama había venido a decir que esto se había terminado,  que habíamos llegado  a una época de gran consenso entre todos los países, porque entendíamos que la democracia liberal era lo más adecuado y que, por lo tanto,  se había acabado la historia.

Y el mensaje de Huntington es: "no se puede hablar de motor de la historia, pero,  si se puede hablar de una clave para interpretar la historia que es el choque entre las civilizaciones".

En 1989, como todo el mundo recuerda,  se cae el muro de Berlín y es el final de la guerra fría. Hasta el momento se habían enfrentado dos polos. El mundo era bipolar: el mundo comunista y el mundo de la democracia liberal.  Y parecía que con la caída del muro de Berlín habíamos llegado a una fase nueva en la que aparecía, algunos  decían el Imperialismo norteamericano, otros, por ejemplo Huntington decía un mundo multipolar. Va a haber diferentes polos, no solo dos.  No va a ser bipolar sino un mundo multipolar en el que distintas civilizaciones van a chocar entre sí y la guerra de civilizaciones va a ser el gran tema de este siglo XX y del futuro.

El artículo de Huntington dio lugar a una gran   cantidad de diálogos, debates, reflexiones, críticas. Creo que entre las críticas se podría decir que, fundamentalmente se decía, a mí me importa mucho porque  el tema que se me ha encomendado es el papel de la sociedad civil en la cultura del encuentro  y la idea de Huntington  es que, precisamente, habría un choque entre culturas, un choque entre distintas civilizaciones.

Las gentes criticaban que se entiende por cultura. Las gentes criticaban que se entiende por civilización. Huntington hablaba, a veces, de ocho civilizaciones: la latinoamericana era una, otra era la occidental, otra era la Confuciano oriental. En fin, un conjunto de civilizaciones que parecía que  entraban en lucha entre sí. Y se le critica que es civilización, que es cultura. Como recordarán los presentes, esa es la época de la primera o segunda guerra del Golfo como se le quiera hablar. Es el momento de la guerra del Golfo, y lo que se ha enfrentado es pues Estados Unidos con Irak. Se ha producido esa confrontación a la que se han unido  los demás países occidentales, también,  contra Irak. Y lo que está latiendo en el fondo es la confrontación de la  segunda guerra  del Golfo. La idea de que las civilizaciones están en lucha sería más bien, y,  lo leyó todo el mundo de esta manera, oriente contra occidente.

El mundo futuro va a ser la lucha de oriente contra occidente. Efectivamente, lo que viene a decir, de alguna manera, Huntington es esto. Y llega a afirmaciones como las siguientes: "Las gentes ya no van a enfrentarse por la ideología. No va a ser cuestión de comunistas, liberales, socialdemócratas. La gente no se va a enfrentar por la ideología, sino que se va a enfrentar por sus creencias y por su fe. La fe y las creencias van a ser lo que, aquello que dice Huntington,  llevará a la gentes incluso  a morir por esa fe y por esas creencias.

La pregunta que se podía hacer claramente es ¿Es verdad? ¿Ha tenido razón Huntington? ¿Lo que está pasando en este siglo XXI nuestro es que se están enfrentando las civilizaciones y que cada una de ellas  está dispuesta a morir por su fe y por sus creencias?

Como después  va a haber un diálogo, será fenomenal que todos puedan también participar, yo como tengo el micrófono de momento, doy mi respuesta, obviamente. Y mi respuesta es,  que yo creo,  que Huntington no tenía razón. Por una parte,  porque el conflicto de Irak no es la lucha de oriente contra occidente. Fue una guerra muy determinada. La guerra del Golfo, que después vino otra segunda guerra del Golfo, con toda la historia de las armas de destrucción masiva.  Pero no se puede hablar de que había una confrontación entre oriente y occidente, ni hoy se puede hablar de esto,  porque el estado islámico no es oriente. Y por otra parte porque tampoco me parece que en occidente estemos dispuestos a morir por nuestra fe y por nuestras creencias. Como después hay un diálogo, si el público cree que en occidente estamos dispuestos a morir por la libertad, por la igualdad, por la solidaridad, pues agradeceré mucho que me lo digan. Me animarán, porque me daré cuenta de que, efectivamente,  hay una identidad de valores que llevamos en la entraña y por la que estamos dispuestos a hacer una gran cantidad de cosas. Yo me temo que ese no es el caso. Creo que no son las creencias, la fe, lo que está definiendo o decidiendo las actuaciones de occidente y creo, por supuesto,  que no se puede hablar de ninguna manera de una lucha de civilizaciones.

A partir de ahí vino, como recordarán, la idea de hablar de alianza. Lo que hay que hacer con las culturas, lo que hay que hacer con las civilizaciones, es entrar en diálogo y  entrar en una alianza y no  entrar en choques que realmente no se han producido. Porque los choques son muy puntuales.  Lo son en países determinados. Y en este momento determinado, el gran choque, o los grandes choques,  se están produciendo en Siria, es decir,  justamente en los países islámicos pero no con occidente sino internamente en los países árabes. Y lo que sí creo que ha ocurrido es que la oleada de refugiados y la oleada inevitable de inmigrantes pobres es el gran tema de nuestro tiempo. No tanto el choque de las civilizaciones como la resultante de unos conflictos, que en este caso, serían los de oriente.  Unos conflictos internos que son los  de oriente pero, también,  de occidente.  Porque occidente no está sabiendo estar a la altura de sus circunstancias  como para conseguir una solución diplomática a esos conflictos, evitando los éxodos de gentes que están cruzando el mar, que se están poniendo en manos de mafias, que están perdiendo la vida, que  están intentando llegar a una tierra prometida que, cuando llegan,  se les cierra clarísimamente y se empieza a hablar de las cuotas que nadie quiere aceptar de esos refugiados a los que nadie quiere asumir.

Yo creo que el principal problema que tiene en este momento el mundo y la Unión Europea  es, justamente,  ese tipo de crisis, si es que hacemos una gradación de problemas, (que hay muchísimos). Pero si queremos hacer una gradación de problemas, entiendo que,  esa crisis de refugiados está poniendo en cuestión esos valores nuestros.  Y no parece que occidente esté tan de acuerdo con los valores de libertad, igualdad y solidaridad. Porque si,  efectivamente,  los lleváramos en la masa de la sangre no estaríamos permitiendo lo que está ocurriendo ahora. Estaríamos saliendo para salvar esas situaciones.

Por lo tanto, creo que la cuestión no es de choques. Las cuestiones son de otro tipo. La cuestión sí  que puede ser de cultura. Y el tema que se me ha encomendado es la sociedad civil en la cultura del encuentro.

¿Qué es eso de la cultura?

Una de las críticas que se le hacía a Huntington, y me parece bastante acertada, es cuando de  tres lados de la sociedad que serían la cultura, la economía y la política,  un pensador o una corriente entiende que la economía y la política van bien. Como ocurrió en los años setenta. Una gran cantidad de pensadores decían la economía va bien. Es una economía capitalista neoliberal pero que tiene por tarea la eficiencia, producir riqueza y esto lo hace bien. Hay otro lado que es la política, la política, el mundo moderno ha descubierto la democracia y la democracia se basa en la igualdad y esto va bien. Democracia liberal sobre la idea de la igualdad. Economía, sobre la base de la eficiencia y la eficacia, que sería una economía capitalista. Los dos lados van bien. Hay un tercer lado que no va bien y es justamente la cultura.

Entienden, todos estos autores a los que se ha rotulado como neo conservadores, que el capitalismo ha producido una cultura, la cultura del hedonismo. El hedonismo es la cultura del placer inmediato. Decía Daniel Bell en su libro Las contradicciones culturales del capitalismo: "En el momento en que se descubre la tarjeta de crédito se cambia la historia del mundo", porque es que las gentes se dan cuenta que pueden disfrutar ya de lo bueno, de lo que les hace felices y después dejarle para pagarlo a largo plazo.

De los tres tiempos del mundo humano: el pasado, el presente y el futuro, ahora lo importante es el presente, en el que se puede disfrutar ya. El pasado ya pasó y el futuro queda para pagar lo que debamos porque nos hemos empeñado para poder disfrutar ya en el momento presente. Con lo cual, el "carpe diem" se convierte en la clave, el disfrute ya, el placer ya, y dejamos el pagar las cuentas para el futuro.  Y si fallecemos pues que sean los descendientes los que se hagan cargo y bastante problema tendrán para seguir adelante.

Así las cosas, la idea de estos autores, que fueron una gran cantidad en todas las filas del neoconservadurismo, consistía en decir, evidentemente, lo que hay que cambiar es la cultura, porque la economía y la política funcionan bien. Hay que cambiar la cultura y ajustarla al funcionamiento de la economía y la política.

Frente a estos autores, que serían los llamados neoconservadores, aparecieron los que se llamaban defensores de la modernidad crítica que entendían , esto es un error, no se puede echar  la culpa a la cultura por diversas razones. Yo quiero decir desde el principio,  y esta es mi propuesta,  que nunca se puede separar la cultura de la política y de la economía.

No se puede hablar, al hablar de las sociedades, de por un lado está la cultura, por el otro lado la economía, por el otro lado la política. No tenemos más remedio, cuando hablamos y cuando  analizamos,  que distinguir, de alguna manera,  una cosa de otra. Pero cultura, política y economía están estrechamente ligadas. De hecho, no existe una economía determinada sin una cultura que le respalde. Y no existe una política determinada sin una ética que le respalde.

Cultura, política y economía están tan estrechamente  entreveradas  que unos a otros se están reforzando. Digo esto desde el principio porque yo no quisiera hablar, en esta charla, de una cultura abstracta, de una cultura del encuentro, de la que hablamos acá, y que no tiene nada que ver con la economía y con la política. Como si estuviéramos hablando de un mundo inexistente. No.  Me interesa esa cultura del encuentro ligada a la economía real y ligada a la política real  y ligada a la sociedad real. Todo ello son  mundos  que están estrechamente ligados.  Y por eso me parece que la tarea del siglo XXI, (que no se si la vamos a cumplir, dudo mucho de que lo hagamos,) es la de  convertir nuestras declaraciones en realizaciones.

¿Qué declaraciones son las que presiden la cultura, en este momento la cultura global, como tales declaraciones?

  • La Declaración de Derechos Humanos de 1948: "Todos los hombres tienen derecho a la vida, al trabajo etc.   vayan   recordando.
  • Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, recuerden los ocho objetivos del desarrollo   que se comprometían para 2015.
  • Los Objetivos del Desarrollo Sostenible, recuerden los objetivos del desarrollo sostenible.

Todo eso son declaraciones que, en este momento,   tienen un rango global. Cuando algún periodista me pregunta: ¿Qué valores se pueden...? ¿Cree usted que se pueden dar nuevos valores? Perdone: está inventado. Los grandes  valores son la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto mutuo. Está inventado. ¿Cómo se encarna eso? A través de la protección de los derechos humanos que tienen que hacerse realidad y no tienen que verse violados continuamente.

A nivel de declaraciones lo tenemos claro y, ligando con la mesa anterior, creo que en este momento de la historia es un momento óptimo en el que este tipo de declaraciones son globales. No se trata de que haya países determinados, que han reconocido. Grupos determinados que han reconocido.  Sino, desde 1948 después de la experiencia de las guerras, desde 1948, estas declaraciones son globales y verbalmente hay entorno a ellas un enorme consenso. Nadie se atreve a disentir. Nadie se atreve a decir que los objetivos de desarrollo del milenio no son interesantes, no son importantes. Nadie se atreve a disentir sino que existe un gran consenso.

Creo pues, que teniendo en cuenta que el consenso verbal está, es el momento de las realizaciones en la vida cotidiana, de las realizaciones en las instituciones. Las instituciones son las que tienen que impregnarse de una cultura y  unos valores determinados. En las instituciones están las personas, como se decía antes, pero la realización de los valores se tiene que hacer en las instituciones, en la economía y en la política. No se puede hablar de los valores aparte de, sino que, tienen que estar dentro de todo ello. Por eso, en principio, creo que es una buena propuesta la que se venía haciendo desde la Unión Europea, de que es el momento de que haya una responsabilidad compartida o una corresponsabilidad entre la sociedad civil,  el Estado y el sector económico. Es el momento de la corresponsabilidad. Es el momento de la responsabilidad compartida.

No se puede decir y entonces esta va a ser, de alguna manera, el trasfondo de todo lo que pienso decir a continuación. Creo  que en los años posteriores a la guerra se reforzó aquel tipo de Estado que, a mi juicio,  ha sido el Estado más justo de los que ha existido en la historia que es el estado del bienestar. Efectivamente, el estado del bienestar tendría sus grandes limitaciones, pero se comprometía a proteger los derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales de los ciudadanos. Y a la vez, se comprometía a defender ese tipo de derechos, no solamente en la comunidad nacional, sino a trabajar por ellos en la comunidad internacional  y en la comunidad global. El estado del bienestar tuvo muchas limitaciones pero ha sido lo más justo que ha habido desde el punto de vista de lo que sería  la forma de organización política. Ese estado está en crisis y, como se ha dicho también en la mesa anterior,  no hay por qué cargar todo al estado. Efectivamente, y además está en crisis y es posible resucitarlo tal cual. Pero hay un mínimo de justicia, un núcleo de justicia del estado del bienestar, que no se puede echar por la borda de ninguna manera.  Y es, justamente,  el de la defensa de los derechos civiles y políticos, económicos sociales y culturales de los ciudadanos y de todos los seres humanos. Ese es un mínimo de justicia que está presente en nuestras declaraciones y que no se puede echar por la borda.

Lo que ocurre es que para proteger ese mínimo, y no nos podemos volver atrás en él, porque, recuerdo, bueno esto lo he dicho muchas veces pero es que me parece bastante gráfico. Cuando publiqué Ética  Mínima hace muchos años para qué  vamos a poner cantidades. Hace unos cuantos años publiqué Ética mínima.  Había alguna  persona a la que conocen bastantes de los presentes, decía: "La he titulado Ética Mínima porque, voy a decirlo finamente, porque como es tan poco alta, no tiene más remedio que hacer una Ética Mínima. Como es más bien bajita no puede decir más que Ética Mínima. Bueno otros decían: "lo que pasa  es , que estamos tan mal de moral,  por lo menos un mínimo de ética". No, no.  Ética Mínima quiere decir que hay unos mínimos de justicia por debajo de los cuales no se puede caer sin caer en inhumanidad.  Y la palabra justicia me gusta,  porque es una palabra muy exigente, que nos exige unos a otros y con nosotros mismos continuamente. Porque aquí no se trata de hablar  a otros que suelen ser los malvados de la película. Sino que cada uno tiene que hablar, también, para sí mismo. Y hay unos mínimos de justicia por debajo de los cuales no se puede caer sin caer en inhumanidad.  Y esos son los mínimos que hay que proteger y que hay que lograr encarnar en este siglo XXI. Y eso no lo puede hacer el Estado. El Estado se tiene que encargar de la justicia, pero hoy en día eso lo tiene que hacer en colaboración el Estado y la sociedad civil.

Estado y sociedad civil son corresponsables. Tienen que tener una responsabilidad compartida. Por eso me parece muy importante que haya, como se ha dicho antes, diálogo entre las gentes que están en el mundo de la política, como representantes políticos, y las gentes de la sociedad civil. No puede haber una separación radical entre unos y otros. Sino que tiene que haber una ligazón, una articulación porque hay una corresponsabilidad, una responsabilidad compartida. En solitario ninguno podrá conseguir lo, que me parece,  que es la gran meta de nuestro tiempo. Y es lograr que todos los seres humanos, como diría  Amartya Sen: "puedan llevar adelante los planes de vida que tengan razones  para valorar".

Hay una desigualdad radical en cuanto a las posibilidades de llevar adelante los planes de vida que uno valora. Hay  quienes pueden hacerlo. Algunos podemos hacerlo. Otros no pueden de ninguna manera.  Eso es radicalmente injusto y es el tema de nuestro tiempo para lo que necesitamos la sinergia entre la sociedad civil y el Estado. Es tiempo de sinergias, no de choques, no de enfrentamientos. Yo prefiero decir justicia y sinergia porque lo del encuentro, me parece precioso,  pero esto otro me parece como  más urgente.

El hablar de que se necesitan  cuestiones de justicia,  exigencias de justicia. Lo he contado en ocasiones,  cuando pasó la época franquista y llegamos a la transición famosa, no sé  si   recuerdan los presentes,  que veo que  muchos son de mi edad y lo han vivido esto a fondo. Pues, me acuerdo que,  estábamos todos muy educados, muy finos, y cuando alguien decía cualquier tontería decíamos: "eso es una opinión y por lo tanto muy respetable". Llegó algún momento en el que algunos  nos dijimos: "no todas las opiniones son respetables". Hay opiniones que, como dicen en América Latina, "son muy  irrespetables". Las opiniones se tienen que ganar el respeto. Son las personas las que son respetables, pero esto, hay que distinguirlo. Las opiniones se tienen que ganar el respeto.  Y,  efectivamente, un mundo en el que hay una gran cantidad de seres humanos que quedan fuera de juego es un mundo irrespetable porque la justicia es muy exigente. Y luego lo retomaremos esto con mi tema preferido, en un mundo eclesial,  que es el de que a la felicidad se invita y la justicia se exige.

Ahora estamos en el momento de la justicia para el que necesitamos la sinergia entre el Estado y la sociedad civil. Es necesario que haya unión y no separación.  Y, yo,  propongo construir con esas sinergias lo que a mí me gustaría llamar una sociedad justa y compasiva. Una sociedad justa y compasiva.

Me parece que sin una sociedad justa que, además, lleve también a la entraña esa actitud de la compasión, no tenemos solución.  Y esto es lo que voy a intentar decir en el rato del que disponemos.

Primer apartado: choque de civilizaciones. Necesidad de una sociedad justa y compasiva en la que haya sinergia entre sociedad civil y Estado.

Pero ¿Qué son la sociedad civil y el Estado? Punto segundo  ¿Qué es la sociedad civil?

Me parece que es necesario hablar de que es la sociedad civil porque, a veces,  no está tan claro y sin embargo es necesario para otorgarle algún papel. Si no no sabemos a quién le estamos dando el papel de la sociedad civil.

¿Pero quién es la sociedad civil?

Cuando yo estudiaba la carrera, cuando se hablaba de sociedad civil y Estado todos teníamos en la trastienda lo que había dicho Hegel sobre la sociedad civil. En realidad de Hegel sabíamos poquísimo. Pero lo que nos sonaba era lo que decía Hegel de la sociedad civil. Y me interesa ir a Hegel, no por Hegel mismo, sino por defender lo que a mí me interesa defender. Porque cuando uno va a un autor siempre va a tomar de él lo que a uno le interesa y  lo otro lo  deja porque, si no,  acabaríamos agotados. La cuestión no es entrar en los autores si no  coger de ellos lo que nos interesa.

Hegel decía, y tenía razón, que los seres humanos no somos individuos aislados sino,  que somos,  individuos que vivimos siempre en comunidad. Siempre en relación.

Si recuerdan, Hegel criticaba a los contractualistas, porque los contractualistas,  entendían que los seres humanos somos individuos aislados que hemos decidido sellar un pacto. Entonces, el pacto es el que había decidido la sociedad, el gobierno etc. Hegel dice: "los contractualistas se equivocan. No existe el individuo. Los individuos nunca han existido separados. Lo que existen son siempre individuos en comunidad. Lo que existen son siempre individuos en relación". Y, a mí,  me importa mucho decirlo  esto, desde el momento, ya desde el primer momento o del segundo,  porque creo que el individualismo es una ideología que se ha extendido ampliamente. Y digo ahora ideología, en el sentido marxista de la palabra, que consiste en decir que, una ideología,  es una visión deformada y deformante de la realidad que mantiene la clase dominante para seguir con la dominación. Se difunde la idea de que somos individuos aislados, de que la clave de la vida social es el individuo, de que la clave de la escuela es el individuo, la clave de todo es el individuo. Las gentes se convencen de que,  efectivamente,  son la clave y que la clave es el individuo.  Y les pasa desapercibida una cosa, tan obvia,  como que no existe el individuo sino que existen individuos en relación. Individuos que se necesitan mutuamente y se reconocen como personas, precisamente, porque otros les han reconocido como personas.

El vínculo, la relación,  es lo que realmente nos constituye. Es en  ese sentido en el que Hegel introduce una tradición que, a mí, me parece fundamental, que es la tradición del reconocimiento recíproco. Frente al individualismo reconocimiento. La tradición del reconocimiento recíproco. La tradición del reconocimiento mutuo. Las personas somos en relación,  en mutuo reconocimiento, y necesitamos que los demás nos reconozcan y necesitamos reconocer a los demás.

Esto que decía Hegel tiene hoy en día base ideológica.  Algunos de los presentes ya me han dicho "si ahora que os dedicáis a eso de las neurociencias". Bueno,  pues,  parece ser que hay una base ideológica para el tema del reconocimiento de que somos en relación. Con lo cual, cuando se está proponiendo una cultura del encuentro, no se está proponiendo crear encuentros sino reconocer aquello que ya nos unía.  No se trata de inventar "ahora me voy a encontrar una cosa nueva y voy a hacer..."Claro que me voy a encontrar muchas novedades, pero voy a reconocer en el otro algo que ya me vinculaba con él. Lo que voy es a estrechar el lazo. Lo que voy es a estrechar el vínculo. Y, esta tradición del reconocimiento recíproco, tiene una trastienda secularizada que es una trastienda religiosa.

La trastienda religiosa viene del libro del Génesis y el libro del Génesis lo que cuenta, como saben muchos de los presentes muchísimo mejor que yo,  lo que cuenta,  es que en el momento que Yahvé Dios crea a Adán se habla de él como parte de la naturaleza.

Yahvé Dios  dice:"no es bueno que el hombre esté solo démosle una compañera". Podría haber sido primero el varón y luego la mujer, primero la mujer y luego el varón, da igual. La cuestión es  que necesita  alguien con el que mantenga una vinculación estrecha porque sean carne de la misma carne y hueso del mismo hueso. Carne de la misma carne y hueso del mismo hueso. La tradición del Génesis filosóficamente se ha secularizado en la tradición del reconocimiento recíproco de la que habla Hegel.  Y,  también,  en los últimos tiempos,  en la ética del discurso en la que venimos trabajando algunos de nosotros. Que trabajamos desde el punto de vista filosófico y lo trabajamos con gente que no es creyente. Y estamos todos compartiendo una misma tradición filosófica que tiene unas raíces religiosas, efectivamente. Y algunos aceptan esa tradición por sus raíces religiosas y otros lo aceptan por su rotundidad racional y filosófica. Y puede ser por las dos cosas.  Lo digo, por una parte,  porque pensaba decirlo, porque es verdad y, por otra parte, porque antes se  hablaba de ser algo con el apellido. No hace falta tanto el apellido, a lo mejor resulta que estamos compartiendo  tradiciones,  estamos haciendo ese tipo de tradiciones que, hoy en día, nos permiten llevar sinergias adelante. Porque racionalmente esto, también,  tiene una razonabilidad no es ninguna barbaridad.

Bueno, pues,  Hegel entendía  que  el reconocimiento recíproco es el que nos constituye. Somos en comunidad.  El individualismo es falso y, si alguien quiere alguna explicación para después,  pues la comentaremos,  pero, ahora voy a seguir porque si no, no llegaré  hasta el final.

Las comunidades en las que nacemos, entiende Hegel,  son fundamentalmente la comunidad familiar, la sociedad civil y el estado. La familia, la sociedad civil y el estado.

La familia es la comunidad básica de amor. Que se genera por el amor espontáneamente y tiene la gran virtualidad de satisfacer las necesidades de las personas, de los niños, de los jóvenes. Es esa comunidad de amor que es indispensable para que un ser humano viva, sobreviva y se reproduzca. Sin educación no habría ser humano en absoluto.

La familia llega un momento en que no puede satisfacer las necesidades de sus miembros. El miembro,  los miembros de esa familia, siguen teniendo necesidades y como la familia no puede satisfacerla, entonces,  dan un paso a otra comunidad que es la sociedad civil. La sociedad civil de la que estamos hablando aquí con tanto entusiasmo.

Hegel entiende que la sociedad civil está entre la familia y el Estado. Porque la sociedad civil, desde su perspectiva,  es el mundo en el que cada quién está intentando satisfacer sus necesidades. Dice, lo define, en los principios de filosofía del derecho: "en la sociedad civil cada uno es fin para sí mismo y los demás no son nada para él".  Menudo jarro de agua fría estoy soltando a los que estaban entusiasmados, todos, con la sociedad civil. Esta es la visión de Hegel. Luego veremos si nos parece satisfactoria o no y le daremos papeles a la sociedad civil para construir una cultura del encuentro.

Ocurre que, intentando satisfacer cada uno sus necesidades, se da cuenta de que es necesario darse leyes generales, es necesario darse leyes comunes. Uno no puede sobrevivir si no es con unas leyes que nos protegen a todos. Y,  entonces, en  la sociedad civil se dan leyes generales. Pero las leyes generales no se cumplen por el valor de las leyes sino porque cada uno quiere satisfacer sus necesidades.

Y eso es lo que después recogerá Hegel, de alguna manera, de lo que había comentado Kant en La Paz Perpetua cuando decía esa frase que algunos de los presentes me ha oído ya porque me entusiasma: "hasta un pueblo de demonios preferiría el estado de derecho al estado de naturaleza. Y añadía, "con tal de que tengan inteligencia". Hasta un pueblo de demonios.

¿Qué quiere decir el pueblo de demonios? En mi clase tengo que explicar a la gente que son los demonios porque ya no lo saben. Aquí,  yo no creo que tenga que explicarlo demasiado, pero si un detalle que creo que es importante.  ¿Qué está queriendo decir Kant? Aparte de referirse  a Leviatán  y a Hous. Que los demonios son seres sin sensibilidad moral. Son seres sin sensibilidad moral pero con inteligencia. Y gente sin  insensibilidad moral pero con inteligencia, se dan cuenta,  que les conviene vivir en un mundo en el que cooperamos, en el que nos ayudamos mutuamente,  porque cada uno se beneficia. Es sencillamente una cuestión, algunos dicen de astucia, porque traducen la palabra alemana ¿astrujan? por astucia. Yo lo traduciría por una cuestión de prudencia. Es prudente cooperar. Es mucho más prudente cooperar que tratar de eliminar a todos los que están en el tapete. Porque luego la gente, cuando se quiere eliminar a todos, se vengan. Es más prudente cooperar. Es más inteligente cooperar que combatir. Y el estado de derecho es justamente la cooperación. El estado de derecho es el que busca cooperar. Estamos dispuestos a cumplir nuestros deberes con tal de que respeten nuestros derechos y es mucho más inteligente cooperar que competir.

No tengo mucho tiempo,  pero en un minuto, para los que no me han oído la anécdota de mi amigo jugador de parchís, la voy a contar, porque es que me muero de ganas. Mi amigo jugador de parchís es la mejor persona que conozco de este mundo. Es una persona extraordinaria, bondadosísima, excepto en un momento que es cuando juega al parchís. En el momento que juega al parchís se olvida de amigo, enemigo, amistad, fidelidad. Se  olvida de, absolutamente,  todo y solo tiene una obsesión matar a todos los demás. Esa es su obsesión, yo he jugado con él, con su mujer, con sus hijos. Le da exactamente igual, va a por todos, y, además, cada vez que mata a una ficha se pone contentísimo, se ríe, y disfruta. Si contando mata a otra ficha, todavía,  disfruta más. Si contando, todavía, impide que el otro llegue a la meta se pone ya de una felicidad impresionante. Está contentísimo todo el tiempo y yo he aprendido con él una cosa, aparte de que está harto de que le ponga de ejemplo, nunca digo el nombre, nunca digo el nombre y he aprendido con él una cosa.  Y es que, al final de la partida,  a los que estamos en el tablero de ajedrez nos da exactamente igual ganar o perder. Solamente queremos una cosa acabar con él.

Es mucho más inteligente la cooperación que el conflicto. Es mucho más inteligente no buscar el choque de civilizaciones. La lucha de civilizaciones, la lucha de individuos, es mucho más inteligente. Es lo que decían los viejos anarquistas, las especies que sobreviven no son las que luchan descarnadamente por la supervivencia sino las que viven del apoyo mutuo. Las que viven del apoyo mutuo. Es mucho más inteligente generar amigos que adversarios. Es muy poco inteligente irse generando enemigos en todas las esquinas.  Y por eso, como luego  aunque parezca mentira voy a retomar lo de la sociedad civil,  es mucho más inteligente en la educación educar para la cooperación y colaboración que para la competición y para el conflicto. Es mucho más inteligente educar para que alguien pueda trabajar con otros, sepa cooperar con otros, sepa estudiar con otros, sepa ayudar a los más débiles y los más vulnerables. Porque todo lo que estoy diciendo lo digo con retranca. No estoy contando una historia sino, que esto,  tiene detrás todo lo que se puede desprender, por ejemplo, para el nivel educativo con la obsesión de educar a las gentes para la  competición, para la competencia, para ser el primero de la clase. Y el primero de la clase acaba haciéndose odioso a todo el mundo. Si el primero de la clase es uno que presta los apuntes, que ayuda, que lo que hace es que el que está peor situado a ver si sube, a ver si le puedo ayudar al vulnerable.

Si se vive del apoyo mutuo, de la colaboración es mucho más inteligente. Y cuento una pequeña historia y ya no cuento ninguna más porque voy a parecer...pero creo que es  extraordinaria.

Es la pequeña anécdota aquella del jefe indio que está contándoles a sus nietos aquella historia en la que les dice: "en cada hombre hay dos lobos que están luchando continuamente entre sí, el lobo de la misericordia, del perdón del amor. Por el  otro lado el lobo de la discordia, de la violencia, de la sangre". Los nietecitos le están escuchando y dicen: "abuelo ¿Cuál de los dos crees que ganará?". Y el abuelo les dio la respuesta que mejor se puede dar en este mundo: "aquel al que alimentéis". Aquel al que alimentéis. Hay los dos lobos el de la cooperación, el del egoísmo, hay todo, somos todo ese mundo, ese entramado. Aquel al que alimentéis. Estamos alimentado continuamente en la educación, en la universidad, en los medios de comunicación, en absolutamente todo el rato,  el lobo del individualismo,  del conflicto, pues aquel al que alimentéis al final es el que va a ganar.

¿Es que no existe otra posibilidad? Claro que existe la posibilidad de la cooperación. Claro que existe la posibilidad  de la ayuda mutua. Y para eso el que quiera enterarse pues que lea para que sirve, verdaderamente,  la ética porque allí lo cuento y ahora no lo voy a contar. Pero, efectivamente, claro que sirve. Y que hay bases biológicas.  Y que hay bases sociales.  Pero depende de lo que alimentéis para que  salgan las cosas que salgan.

Hegel entendía que la sociedad civil es ese mundo en el que cada uno está buscando su egoísmo particular y por eso entiende que hay que dar el paso a algo más que es el Estado. El Estado él entiende que es el lugar en el que se busca lo universal por sí mismo. El Estado es el lugar de la coacción mediante la que se consigue realmente la justicia. Esa era la visión que tenía Hegel de la relación entre la sociedad civil y el Estado.

En el momento actual hay tres interpretaciones sobre que es la sociedad civil y las voy a decir muy brevemente estructuradas, para que después las discutamos.  Y, por supuesto,  yo diré la mía.

Una de ellas es la idea, de alguna manera de seguir con la tradición Hegeliana, que entiende que la sociedad  civil es la estructura del mercado. La estructura social, la estructura de la sociedad, que viene promovida por el mercado orientado por la ideología neoliberal. Entonces,  hay quienes interpretan, hoy en día,  que la sociedad civil, sigue esta tradición hegeliana y no la Kantiana, etc. Sería  la estructura de la sociedad que está movida por el mercado.  En definitiva,  el mundo de los intereses en conflicto en que cada uno busca satisfacer sus necesidades etc. Pero, ahora,  regida por la ideología neoliberal. No olviden nunca que no es lo mismo liberalismo que neoliberalismo. El Liberalismo clásico de Adam Smith etc. es un tipo de liberalismo. El neoliberalismo es el liberalismo posterior al estado de bienestar que nace como crítica al estado de bienestar.  Y no es lo mismo y no hay que confundir ninguno de los dos.   El neoliberalismo como fenómeno triunfante, ese es un lado.

Otro lado sería el que mantienen autores, para mí tan queridos como Habermas o como Barber que entienden que la sociedad civil es el lugar que está situado entre el mercado y el Estado.

Una sociedad tendría tres lados: mercado, Estado y sociedad civil. La sociedad civil sería el lugar, como llama Barber en su libro  Un lugar para todos,  el  lugar donde se reúnen los seres humanos, donde se juntan las personas, donde tienen relaciones de diálogo, relaciones de amistad. Y Habermas lo dice muy claramente porque él tiene una idea normativa de sociedad civil. La sociedad civil la construyen o la constituyen aquellas redes de gentes que tratan de oír,  muy bien,  las exigencias, las quejas, las peticiones de los que son damnificados por el mercado y el Estado.  Que intentan articular verbalmente sus exigencias, sus quejas, sus peticiones y que tratan de llevarlas al poder político. La sociedad civil no es lo mismo que el poder político. La sociedad civil es  esa trama de relaciones, esas redes, que intentan ver cuáles son las exigencias, las  peticiones de las gentes que están dejadas de lado,  a veces  por el mercado o por el Estado.  Y son todos esos grupos los  que intentan poner un lenguaje que  pueda escuchar,  las voces de un lado y del otro.

En ese sentido es en el que Habermas desde la Ética y Diálogo, que yo también comparto,  comprende o entiende que hay que potenciar, enormemente,  las redes sociales de diálogo. Potenciar las redes sociales es  fundamental.  Las redes de diálogo entre unas gentes y otras. Porque una sociedad civil fuerte, vibrante, dialogante, dialógica es mucho más exigente, también,  con la economía y con la política.

Yo tengo que decir, que me parece,  que la sociedad civil  sería bonito que fuera eso, pero  yo creo que la sociedad civil no es eso. Mi visión de lo que es, no digo lo que debería de ser.  Luego ya hablamos  lo que es la sociedad civil.  Creo que es el otro lado del Estado.

Creo que, efectivamente,  en una sociedad hay que distinguir entre dos  lados. El Estado, que es el lugar de la gestión de los recursos públicos, que tiene por tarea buscar el bien común.  Y el otro lado sería la sociedad civil. En cuyo caso, en la sociedad civil,  se encontrarían todas las asociaciones adscriptas, que son aquellas  en las que alguien nace, la familia, asociaciones voluntarias,  esas asociaciones en las que se ingresa voluntariamente. Pueden ser las iglesias, las universidades, las asociaciones generadoras de capital social.  Todas las que ustedes quieran. Pero, también,  las empresas, los mercados, los bancos y, evidentemente,  ese tipo de  entidades como universidades, colegios etc.

Creo que la sociedad civil es el otro lado del Estado que está conjugando todo ese enorme conglomerado y que tiene una característica,  que así como el Estado está vertebrado, ella por naturaleza está desvertebrada.  La sociedad civil no está vertebrada.  Cada uno de los grupos se vertebra, se une. En mi universidad se intentó hacer con otros grupos de Valencia, la sociedad valenciana dijo que estaba un poco harta,  y que teníamos que hacer algún tipo de vertebración de la sociedad civil.  Pero no ha habido manera porque la sociedad civil es invertebrada. Entonces,  podemos hacer muchas reuniones, podemos hacer muchas redes, podemos hacer muchas... pero ¿se puede vertebrar una sociedad civil? Esa sería de alguna manera la pregunta. En este sentido ¿Qué tendría que hacer la sociedad civil? ¿cuál sería su papel? Yo me he distribuido los distintos sectores de la sociedad civil, asignando algún papel a cada uno. Y,  creo que,  se puede completar con lo que se ha dicho en la mesa anterior y podemos seguir más adelante.

El título de este apartado sería corresponsabilidad para crear una sociedad justa y compasiva.

Un lado de la sociedad en su conjunto es el estado y, entiendo,  que tiene que buscar el bien común. Ya se ha dicho antes la tarea del Estado sea a nivel nacional, supranacional o global es la búsqueda del bien común y no del bien particular, o del bien grupal. Eso es lo que justifica la dominación política, si no el Estado no tiene ningún tipo de justificación. Pero vamos a la sociedad civil que sería el mundo económico y empresarial, las organizaciones solidarias, el de las familias, el de las profesiones, el de la educación, todos esos mundos, el de las iglesias... todos esos mundos serian la sociedad civil.

Por una parte, por lo menos en las sociedades occidentales que nosotros conocemos,  ese tipo de sociedad tiene una ética básica que  sería una ética cívica. Lo voy a decir muy deprisa porque quiero entrar en lo otro, pero no puedo dejar de decir que creo que el fermento de la sociedad civil tiene que ser la ética cívica,  es decir,  la ética de los ciudadanos, de una sociedad  pluralista.

Una sociedad plural es una sociedad  que comparte esos mínimos de justicia  de los que he hablado antes.  Y si no existe ese compartir los mínimos de justicia falta cohesión social y no puede haber amistad  cívica de ninguna manera. Una sociedad que no comparte  ni unos mínimos no tiene  amistad cívica de la que hablaría Aristóteles. Se necesita esa amistad  que consiste  en  darnos   cuenta de que tenemos unas metas comunes.

Una sociedad para ser tal, necesita tener unas metas comunes por las que trabajar. Después,  cada quien,  tendrá distintas asociaciones en que se sitúa,  distintos lugares. Pero hay unas metas comunes que se tienen que perseguir, como tal sociedad.   Y,  creo que,  esas son las que componen una ética cívica que viviría esos valores. Que son los valores de libertad, de igualdad, de solidaridad etc., que se tienen que ir encarnando en derechos humanos.

¿Cuál sería la relación?, y aquí no me voy a extender porque he venido escribiendo sobre esto desde 1986 y me parece que ya lo he escrito bastante, pero lo digo rapidísimamente. Me parece que es fundamental que en esa ética cívica haya un trabajo codo a codo de la ética cívica  mínima con las éticas de máximos.

La palabra éticas de máximos quiere decir éticas  que tienen propuestas de vida feliz, propuestas de vida en plenitud, propuestas de vida felicitante.  Y, evidentemente,  el Cristianismo es una de ellas y hay otras que son laicas. Efectivamente,  eso  es una sociedad moralmente pluralista.  Aquella en la que hay distintas  ofertas  de vida feliz y distintas ofertas de vida en plenitud. Y tienen que trabajar conjuntamente porque, afortunadamente,  en los puntos centrales hay un acuerdo básico. Y el acuerdo básico o los dos acuerdos básicos si vamos a encontrar más. Pero  el primero sería el de  la afirmación de la dignidad humana, del valor de la dignidad humana y el respeto a la dignidad humana que  es el núcleo de una ética cívica  moderna. El núcleo de la ética cívica moderna  sería, a mi juicio, la formulación del imperativo categórico  de la formulación del fin en sí mismo que hace Kant  en  La fundamentación de la metafísica  de las costumbres, con las palabras que me gusta repetir siempre: "Trata a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca, solamente, como un medio". Obra de tal manera que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca, solamente, como un medio. No se puede instrumentalizar a las personas, no se debe instrumentalizar a las personas, no son medios para conseguir grandes ventajas. Las personas valen por sí mismas, tienen dignidad y no  un simple precio.  Y por eso dice Kant, un poco más adelante, justo a final del siglo XVIII cuando está naciendo el capitalismo y el gran tema es la mercancía que, precisamente, "los seres que valen por sí mismos son seres que no pueden admitir el equivalente". No se pueden intercambiar por un equivalente porque no tienen equivalente y lo que no se puede intercambiar por un equivalente no es una mercancía.  Y lo que no es una mercancía no tiene precio sino dignidad.

La afirmación de la dignidad humana es algo que defienden la ética cívica  y defienden las éticas de máximos como, por ejemplo, el Cristianismo. Y, evidentemente,  también el cuidado de la naturaleza a la que el Papa Francisco ha dedicado grandes  reflexiones. El cuidado de la naturaleza es algo que compartimos perfectamente.  Y el reconocimiento mutuo es una clave que va a ir avalando poco a poco  y hay  que ir ampliando  una cultura de la compasión. Por eso, entiendo, que en una sociedad como la nuestra, que somos moralmente pluralistas, es clave que la ética cívica y las éticas de máximos se refuercen mutuamente. Porque las gentes tienen necesidad de propuestas de vida feliz, de propuestas de vida en plenitud. Y por eso las éticas de máximos tienen que hacerlas pero con cara de que eso es una propuesta de vida  feliz. Bueno no como decía Nietzsche  "Los cristianos no tienen cara de estar salvados". Claro, si uno pone una cara de aburrimiento infinita y no hace más que prohibirle cosas  a todo el mundo,  no se parece para nada a un proyecto de vida en plenitud ni a una propuesta de vida feliz. A las propuestas de vida feliz se invita, se invita,  y el que quiere acepta la invitación y el que no, no. Y se cuenta por propia experiencia, eso no se puede exigir. Las propuestas de vida feliz no se exigen se invitan.  Pero, efectivamente, si se hace en medio de la prohibición y la tenebrosidad es que no le ilusiona a nadie. En la mesa anterior se ha estado hablando una serie de temas que me parecen fundamentales. El tema de los medios de comunicación de cómo se tienen   a la contra. Claro, pero  por favor, que sea una cuestión que resulte ilusionante porque estamos en una sociedad que necesita propuestas de vida feliz ilusionantes. La ética civil es esencial para una sociedad como la nuestra y luego si queréis seguimos hablando de ello.

Los distintos lados, el mundo económico y empresarial ¿forma parte de la sociedad civil? Yo no sé si aquí hay muchos empresarios, pero las empresas, no solo hay empresas multinacionales, sino que hay pequeñas y medianas empresas. Hay empresas educativas. Hay organizaciones educativas. Hay organizaciones sanitarias. Hay organizaciones no gubernamentales.  Y todo eso es el mundo de las organizaciones. Y cuando estamos hablando de ese otro lado, que es el  lado organizativo, nos estamos refiriendo no a las grandes empresas y a los grandes bancos sino a toda organización,  las organizaciones y  que puede ser un colegio, que puede ser un centro de salud. Y que puede ser un hospital, puede ser ... una gran cantidad de cosas. Las organizaciones empresariales, educativas, etc. lo que se quiera, en el momento actual, en mi opinión,  tienen una gran cantidad de trabajo que hacer.  Y lo que no puede hacer nunca la ciudadanía es dejarlos solos y decir que la economía es algo que está proscrito y de lo que no se puede hablar. Todo lo contrario, hay que exigir. Hay que exigir a la economía que sea responsable. ¿Por qué? Pues porque la meta de la economía por hablar de un premio nobel de economía que es Amartya Sen. La meta de la economía consiste o tiene que consistir en ayudar a crear buenas sociedades. Eso lo dijo un premio nobel de economía, no una profesora de ética. Tiene que consistir la economía en ayudar  a crear buenas sociedades. Y en ese sentido han aparecido una gran cantidad de propuestas que se pueden hacer por cosmética o por ética. Toda la historia de la  responsabilidad social corporativa. La responsabilidad social se está aplicando también a las universidades. Las universidades también tienen que admitir la responsabilidad social. Todas las organizaciones tienen que asumir la responsabilidad social.

¿Qué quiere decir responsabilidad social? Se pueden dar cantidad  explicaciones pero yo la tengo clarísima desde hace muchísimo  tiempo. La responsabilidad social consiste en gestionar la empresa teniendo en cuenta las expectativas legítimas  de todos los afectados por ella. Gestionar la empresa teniendo en cuenta las expectativas legítimas  de todos los afectados por ella.

¿Cuál es el papel de la sociedad civil en la creación de una cultura del encuentro? En el caso de las empresas crear riqueza para la sociedad.  Tener en cuenta las expectativas legítimas de todos los afectados que son: la posibilidad de crear puestos de trabajo, evidentemente serán los accionistas si tienen accionistas, los clientes, el medio en el que se desenvuelven, la sociedad  en la que están viviendo. Tienen que tener en cuenta a todos esos afectados por ellas y entablar los diálogos y utilizar la responsabilidad social como lo que he dicho en alguna ocasión  y aquí ya no lo voy a contar,  como una argumento de presión , como una medida de prudencia, como una exigencia de justicia.

Las empresas tienen que tener en cuenta que tienen todas las posibilidades del mundo. Empresa y derechos humanos quiere decir que las empresas tienen que ser agentes de justicia y cuando estoy hablando de sinergia, de toda la sociedad civil y el Estado es porque las organizaciones tienen que ser también agentes de justicia no solo el Estado. Porque hay lugares, otros sitios del mundo,  en los que una empresa puede tener mucha más fuerza que lo que puede tener un Estado. Y una empresa puede conseguir,  haciendo valer su influencia,  que cambien las leyes del Estado. Pero al hablar, como saben los presentes,  en este mundo de las organizaciones existen lo que mi amigo José Ángel Moreno llama "semillas de economía alternativa" serían una cosa que no es nueva que  son las cooperativas. Todas las empresas de economía social,  eso no es ninguna novedad,  hay que ir potenciándolas porque son las que han resistido en la crisis y han perdido menos puestos de trabajo. Hay que recordarlo. Las empresas de economía social son las que han perdido menos puestos de trabajo. Hay que potenciarlas. Pero, también, hay que potenciar todas las otras propuestas que existen  que serían la economía del bien común, la banca ética, la economía social y solidaria.  Todo eso son papeles de la sociedad civil  que en este momento existen. Propuestas muy claras para llevarlas adelante y hay que ponerlas en marcha en vez de retraerse. Una recensión que hace mi amigo José Ángel a un libro de un economista dice :"La exigencia que se sigue de todo esto, de una gran reflexión económica, es que la sociedad civil ha de actuar como una comunidad moral que demande honestidad a las empresas." Antes se decía los partidos políticos no hacen caso si no van a ganar votos.  Claro y  las empresas no hacen demasiado caso si no se dan cuenta de que la comunidad y la sociedad va a estar en acuerdo o en desacuerdo y va a fidelizar a los que actúan bien, y va a gratificar a los que actúan bien y no va a gratificar a los que no actúan bien sino les va a demandar. Con lo cual,  la sociedad civil de la ciudadanía tiene que ser una comunidad moral que exige y que pide.  Y que en estos momentos,  no hay tiempo,  pero como saben  hay un gran trabajo compartido entre empresas y organizaciones solidarias  y lo que sería la ciudadanía.

Familias:

El papel de las familias es clave,  me parece que no hace falta perder mucho el tiempo en decir que la ética del cuidado es fundamental para el funcionamiento de una sociedad. Es lo más importante. El cuidar, no solamente,  de satisfacer las necesidades que tiene el niño desde pequeño.  En este momento son las familias las que están permitiendo  que en España no haya saltado una revolución peligrosa. Porque las familias, ahora como sabemos, antes la gente no quería tener en casa a los jubilados pero ahora es justamente lo contrario. Los jubilados son los que están haciendo que los nietos puedan estar bien, sobrevivir, incluso encontrar trabajo. Por eso el papel de los abuelos ha subido enormemente (el papel de los ancianos). El papel de los padres es fundamental para mantener a los hijos y  para que no se hayan encontrado sin ninguna red protectora.  Y, al final,  las familias están haciendo una tarea que va  mucho más allá de lo que les toca, evidentemente, pero pasa igual que con las organizaciones solidarias. Cuando no lo hacen otros, esa tarea de acoger al vulnerable es realmente fundamental. Y las tareas de las familias en la educación, para que voy a decir lo importante que es. Y que   lo fundamental sería que se aprendiera o se explicara en ellas a los hijos a educar para la cooperación y no para el conflicto. Para la colaboración y no para la competición descarnada. Y que se les educara para evitar un mal,  que a mí me parece terrorífico,  que es el de la "aporofobia".

Algunos saben ya lo que es, otros lo ignoran, pero para que lo sepan es un invento mío. Por eso es muy razonable que muchos no lo sepan. Pero a mí me pareció que está  muy bien eso de la xenofobia. Pero mira tú por donde, no molestan los turistas que vienen a nuestras playas y  son extranjeros, "xenón".  Tendrían que molestar. No parece que molesten. En mi Comunidad Autónoma, yo esto no me lo sé muy bien, me parece que hay un extranjero que compró el equipo de futbol entero y nadie dijo no,  no que no es dinero de aquí. Les pareció muy bien un extranjero. Los jugadores son extranjeros la inmensa mayoría, pero mira chico son decisivos para ganar. Y, entonces,  yo me preguntaba si lo que molestan son los extranjeros.  Y se me ocurrió buscar en mi diccionario de griego de bachillerato la palabra griega  para el pobre,  para el que no tiene nada que dar a cambio,  y encontré la palabra  "áporos". El áporos es el que no tiene salida, aporía, el pobre el que no tiene recursos. El que no tiene nada que dar a cambio. Y, evidentemente,  en nuestras sociedades desde la familia, desde la escuela se enseña al niño a ser aporóforo. El niño realmente no tiene tanta antipatía a determinados extranjeros si no que ya se le aconseja: "ve con cuidado con fulanito, que fulanito no te va a convenir en la vida". Me decía un compañero mío que les decía un profesor suyo  cuando eran pequeños: "haceos  amigos de los niños mejor situados de la clase, porque  luego si eres mayor y por ejemplo  estudias  médico irán a tu consulta  los que están bien situados,   los otros no". Esto que suena terrorífico es el pan nuestro de cada día.  Y como me ha tocado explicar, o he querido explicarlo  a gente joven de la carrera, y todos asentían y decían: "sí  que es verdad".   Pues, yo creo que,  las familias tienen que educar no para la aporofóbia sino, sencillamente,  para la compasión en el sentido que diré para acabar.

Las organizaciones solidarias, efectivamente,  tienen que hacer tareas asistenciales mientras el Estado no hace las que le toca. Pero lo suyo es encontrar nuevas necesidades, ser creadoras, ser esos linces  que se van encontrando. Que hay deficiencias que todavía no están satisfechas, derechos que todavía no están satisfechos,  y tienen que hacer la tarea asistencial mientras otros no la hacen. Porque si no dejas a la pobre persona vulnerable desprotegida. Y la tarea de esas organizaciones es empoderar a las gentes. Ser asistencial,  si no hay más remedio, pero empoderar a las gentes para que puedan llevar adelante sus planes de vida. Los  profesionales son fundamentales. La educación en las universidades es fundamental.

La sociedad civil en todos sus lados  es, hoy en día,  indispensable para que se pueda realizar una sociedad de justicia, sin ellos no será posible, de ninguna manera,  la justicia.  Y todo esto ¿desde qué ética? Desde la ética que ya he comentado, desde esa ética cívica que defiende la dignidad del ser humano. La ética de máximos se articula perfectamente con esa ética porque habla no solo de la dignidad sino de la sacralidad del ser humano. La persona no es solamente digna, sino que la persona,  es sagrada. Hay una confluencia, entre los dos,  entre la sacralidad y la dignidad. Desde esa ética y desde una ética de la compasión, porque no solamente cada uno de nosotros vale por sí mismo, tiene dignidad y no un simple precio, sino que esa dignidad,  la reconocemos. La tenemos que aprender a reconocer mutuamente, en ese camino de la relación, en ese camino del vínculo y la ligazón que, en definitiva, nos constituye. Y por eso, me parece que,  es fundamental ir creando ese lazo de compasión. La palabra compasión no tiene buenas resonancias. Parece que alguien bien situado mira con condescendencia a esos pobres que están mal situados. No, la palabra compasión es mucho más hermosa que todo eso, como sabrán los presentes.   La compasión quiere decir la capacidad de padecer con el otro en la tristeza y en la alegría.  Padecer con el otro  en la alegría no es tan fácil en este país de envidiosos. Cuando a otros les salen mal las cosas se alegran muchísimos. Compadecer la alegría, alegrarse realmente  de que a otro le salen las cosas bien, es signo de alguien   verdaderamente generoso.  Alguien magnánimo que dirían los clásicos.  Compadecer en la alegría y compadecer en el sufrimiento. Que no es solamente empatía, porque empatía es la capacidad de ponerse en lugar del otro y darse cuenta de donde le duele, imaginarme que a mí me duele porque a él  le duele. La compasión va más allá porque la compasión no solamente es empatía, sino también darse cuenta de que mi propia felicidad no puede llevarse adelante sino es ayudando al otro a salir de su sufrimiento. Es decir, que la compasión es empatía y compromiso. Y creo que si no tenemos una sociedad compasiva y una sociedad justa no podremos poner en marcha todos esos ideales que vienen de la afirmación y del valor de la persona, que puede ser el valor de dignidad  o puede ser el valor de sacralidad.

Master

Master de Doctrina Social de la Iglesia

Master de Doctrina
Social de la Iglesia

Residencias

Residencias Universitarias

León XIII (femenina)
Pío XI (masculina)

Fundación

Fundación Pablo VI

Creada por el
Card. Ángel Herrera Oria

Colegio Mayor

Colegio Mayor Pío XII

Colegio Mayor
Pío XII

UPSAM

UPSAM

Univ. Pontificia de Salamanca
Campus Madrid