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Las relaciones Universidad-Empresa

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Jueves, 20 de Enero de 2011

LAS RELACIONES UNIVERSIDAD-EMPRESA EN EL CONTEXTO ACTUAL

HuergoFernandezArsenioSe suele afirmar, de forma coloquial, que la Universidad y la Empresa están divorciadas, a lo cual se responde manifestando que nunca han estado casados.

El informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, en su informe bianual, sobre la situación de las Universidades Españolas, dedican de forma significativa un espacio para poner en valor las acciones realizadas, fruto de la colaboración entre la universidad y la empresa. Desde el lado empresarial, en la práctica no existen informes que atiendan dicha realidad.

La evidencia nos nuestra una realidad más bien compleja y que la misma no está exenta de juicios simplistas, y en la mayoría de los casos, llenos de tópicos. Pero un análisis, riguroso y detallado, nos permite descubrir un panorama lleno de luces y sombras, y que pretendemos desvelar en estas breves líneas.

En realidad ¿de que estamos hablando? ¿Acaso no existe una colaboración o cooperación, en los más diversos ámbitos, entre la Universidad y la Empresa?

Vayan algunos ejemplos.

En el momento presente, las Universidades, de manera generalizada, cuentan con Cátedras de Patrocinio financiadas por empresas, proyectos de investigación compartidos entre las dos partes; becas de Doctorado y postgrado; iniciativas en la transferencia del conocimiento, etc.

Pero la cooperación más intensa está en las prácticas en las empresas que se cuentan por miles.

Si a lo anterior añadimos la participación conjunta en Parques Científicos y Tecnológicos, podemos deducir que existe una vinculación real y firme entre las dos realidades. Está relación se particulariza, en mayor intensidad en las Universidades privadas, en las que visualiza una presencia intensa de la empresa, no solo en los diseños curriculares, sino en la presencia de docentes que proceden del mundo empresarial.

La existencia de las Fundaciones Universidad-Empresa, con una experiencia de más de 40 años (la primera Fundación Universidad-Empresa, se creó en Madrid en el año 1970, en virtud de un acuerdo entre la Cámara de Comercio e Industria y las cuatro universidades públicas existentes en aquel momento en Madrid), han desembocado en la actual Red-FUE que abarca todo el territorio español y es la principal referencia de dicha colaboración.

Ante esta realidad ¿por qué existe el permanente cuestionamiento de dicha relación?

Desde el ámbito de la Unión Europea se ha puesto un especial énfasis en potenciar la relación entre la universidad y la empresa. Así múltiples documentos que emanan de la Comisión de la Unión, como puede ser “Educación y formación 2010” o “El papel de las Universidades en la Europa del conocimiento”, etc… prestan una especial atención a dicha problemática.

De igual manera el documento del Ministerio de Educación Español, formulaba “La estrategia Universitaria 2015”  en el cual se postulan una serie de ejes de  colaboración entre la Universidad y la Empresa.

Una primera valoración nos permite anticipar que todo juicio crítico tiene que ver con la cantidad y la calidad, tanto de los actores participantes como con las acciones realizadas.

El porcentaje de participación en todo el proceso, de las empresas, no es superior al 1%. Son las grandes empresas las que por estructura y dimensión prestan una singular atención al mundo universitario. Las grandes entidades financieras, energéticas, de servicios, etc... presentan en sus memorias aportaciones significativas a la Educación Superior. A estas habría que añadir un grupo de medianas empresas vinculadas a sectores industriales y tecnológicos avanzados.

El problema está centrado en las PYMES. Solo una de cada cinco PYMES, se acerca “alguna vez” a la Universidad. Para ellos el mundo universitario les es ajeno y lejano, y sin embargo, de cara al futuro, su colaboración se nos muestra imprescindible, como veremos más adelante.

El otro aspecto es la calidad. Habrá que subrayar, que salvo puntuales excepciones, la calidad de los múltiples programas que se desarrollan, entre las partes, pueden superar favorablemente, cualquier estándar de calidad establecido.

Hoy existe una amplia corriente en la toma de conciencia de que la colaboración entre la Universidad y la Empresa, no solo es necesaria sino vital para ambas realidades y que dos mundos tan diferentes están condenados a entenderse a costa de poner en riesgo su crecimiento y desarrollo.

Para ello será necesario mejorar, no tanto la calidad, sino la cantidad de los actores:

A pesar de lo dicho anteriormente existen zonas de conflicto que hacen siempre compleja la relación.

Ambos mundos están sometidos a profundos cambios, fruto de las grandes mutaciones que está sufriendo nuestra sociedad. La globalización, la actual crisis económica, los problemas medioambientales, etc… afectan por igual, aunque de manera diferente a la Universidad y la Empresa.

La propia universidad está sometida a una transcendental reforma, que afecta no solo a nuestro país sino a toda Europa. La construcción del Espacio europeo de Educación Superior es un reto formidable que ha puesto en cuestión los modelos universitarios que vienen del siglo XIX.

Los modelos sajón, napoleónico y humboltiano se están mirando hacia si mismo y desean incorporar lo mejor de cada uno y teniendo como referencia las universidades norteamericanas que lideran todos los ranking de calidad y eficiencia en todo el mundo.

Lo anterior está exigiendo cambios profundos en su estructura académica, en nuevas formas de gobierno de las mismas, una mayor transparencia, eficiencia y responsabilidad social, de manera significativa en las universidades públicas de nuestro país y toda esta dinámica está provocando fuertes resistencia que entorpecen un desarrollo equilibrado de las reformas.

La rigidez de sus estructuras, fuertemente burocratizadas, genera no solo conflictos ideológicos sino también de interés (“que hay de lo mío”), lo cual dificulta su relación con la sociedad y particularmente con el mundo empresarial que generan, aunque sea de manera particular dificultades, incomprensiones y rechazos.

La actual crisis económica es un factor negativo añadido a lo anterior. El desprestigio de los empresarios es ahora más evidente que en años anteriores, ya que está siendo percibido como el culpable más destacado del origen de la crisis y que desde los universitarios no tiene solo un origen económico sino moral.

La actitud critica, consustancial con el espíritu universitario, a pesar de un cierto pasotismo generacional, motiva que de forma recurrente, afloren manifestaciones contrarias a los empleadores y cualquier iniciativa, beneficiara por otra parte para la sociedad, como por ejemplo en el ámbito de la transferencia del conocimiento son tachadas de mercantilistas pero la realidad es tozuda y habrá que tender puentes sólidos para afrontar los nuevos restos.

El más palpable será afrontar la necesidad de prácticas externas en los nuevos Grados y Postgrados que exigirán una mayor implicación de las empresas. Serán miles de prácticas las necesarias y el tejido productivo no está preparado para asumir dicha exigencia. Si a lo anterior se añade la concurrencia en las FCT´S (formación en centros de trabajo en el sistema de la F.P.) será una dificultad añadida.

Otra acción significativa serla la transferencia del conocimiento (tercera misión de la Universidad) hacia la sociedad y en particular al mundo económico y productivo. Las múltiples iniciativas existentes en el momento actual deberán ser potenciadas para poder construir en el futuro la sociedad y economía del conocimiento como lo propugnaba  la Declaración de Lisboa de la U.E., o la actual “Estrategia Europa 2020”.

Habrá que concluir de todo lo anterior que la relación positiva entre la Universidad y la Empresa es inevitable.

Y desde el lado de la empresa ¿cuál es la percepción que se tiene de esta realidad?

Existe una simplificación errónea y es hablar del mundo de la empresa como un todo homogéneo y armónico, y no es así, las PYMES y los autónomos tienen poco que ver con las grandes empresas. Las inquietudes, las necesidades, el modo de organizarse, las exigencias cotidianas, pueden ser parecidas pero no son las mismas.

Puede compartir los grandes principios: la consecución de beneficio, la economía del mercado, etc… pero su concreción es diferente.

El ejemplo de la globalización puede ser un referente. Para la gran empresa es una oportunidad; para una PYME es un problema por el efecto de la deslocalización. Lo mismo sucede con debates como la Responsabilidad Social Corporativa, que tienen sentido en la gran empresa y que no suscitan ni la más mínima atención en las PYMES.

En el caso que nos ocupa, la dificultad de la relación radica, como se dijo anteriormente en las PYMES; y el principal obstáculo nace del conflicto entre flexibilidad y rigidez. La empresa es el paradigma de la institución flexible, en cambio la Universidad se adecua lentamente a los cambios, y resulta en muchas ocasiones difícil casar ofertas y demandas, necesidades y soluciones. En esta dirección están aflorando iniciativas que sin duda reafirman las relaciones.

Así mismo  en los cambios que se percibe en el mundo empresarial, como conducta más responsable y ética, o las exigencias medioambientales, la interculturalidad (fenómeno migratorio) etc… tendrían que abrirse camino en la conciencia colectiva de las pequeñas y medianas empresas y ello facilitará un diálogo más cercano. Será importante en esta andadura que aparezcan liderazgos fuertes en ambos lados que entiendan que en una sociedad bien estructurada los creadores de riqueza y conocimiento, la empresa y la universidad, deberán entenderse desde la sociedad civil, para que esta sea más equitativa y solidaria.

Ante esta realidad y reflexión anterior ¿tienen algo que decir aquellos cristianos comprometidos que habitan en los dos campos?

La Doctrina Social de la Iglesia no es abundante es la formulación de principios que iluminan la relación entre la Universidad y la Empresa. Es escasa en relación a la Universidad y es abundante en relación a la Empresa. La Encíclica Caritas in Veritate es el ejemplo más reciente.

La Declaración del Concilio Vaticano II “Gravisimun educationis” pone el acento en la educación secundaria y en un apunte sobre las Universidades hace referencia a las de origen católico.

Es sorprendente constatar que la Universidad nace en el ámbito de la Iglesia Católica, con una realidad actual de universidades católicas muy importantes, existiendo algunas de referencia internacional, no se suscitan los mismos debates que existen sobre la enseñanza secundaria, cuando actualmente el reflexionar sobre la razón y la fe, relativismo, laicidad o religiosidad, ocupan uno de los grandes debates de la sociedad actual.

Habría que remontarse a la visión que se releja en el Siglo XIX, por el actual Beato Card. Newman en su “The idea of a University”, donde pone su acento “en la búsqueda del conocimiento” por la propia bondad como tal y el desarrollo de la personalidad, lo que implica una orientación a la formación de élites en las diversas esferas sociales dando preferencia a la reflexión intelectual general, liberal, flexible, individualizada, frente a una enseñanza profesional específica y progresiva (Rodríguez Fernández RSU 2010). El pensamiento del Cardenal  Newman que refleja el pensamiento del modelo Oxbridge (Oxford y Cambridge) sigue estando vigente en Universidades Católicas.

De cualquier manera ambas realidades se enfrentan a retos importantes que no son fáciles de afrontar.

Monseñor Fernando Sebastián dice “que hablar ahora sobre la Universidad…. no es un tema fácil. Vivimos unos momentos en los que si no el concepto, si los perfiles concretos de la Universidad y la vida universitaria no están nada claros. Las fuerzas sociales más poderosas, como la política y la economía tiran de ella para convertirla en un instrumento sometido a su servicio. Se busca un nuevo modelo de Universidad con unos rasgos comunes que sean válidos para toda Europa, cuando no sabemos bien que es lo que Europa quiere ser (F. Sebastián “La Universidad Católica en un mundo Laicista”).

Esta afirmación de Monseñor Sebastian tiene plena vigencia en nuestro país, donde el contenido curricular en muchos grados universitarios, recogen en sus competencias transversales, aspectos tales como la ética, sin que se especifique el qué o el quién, etc… donde dicho concepto se usa de manera genérica, sin ninguna referencia específica a su contenido.

Los debates ya citados sobre la RSC o la RSU, obligan a los laicos cristianos a tomar conciencia de sus responsabilidades.

Desde la perspectiva de D.S.I. “… no todos los planteamientos éticos que guían hoy el debate sobre responsabilidad social de la empresa son aceptables desde la perspectiva de la D.S.I.; es cierto que se va difundiendo cada vez más la convicción según la cual la gestión de la empresa no puede tener en cuenta únicamente el interés de los propietarios sino también el de todos los otros sujetos que contribuyen a la vida de la empresa ( Caritas in veritate, 40) pero como dice el propio Benedicto XVI, en la misma Encíclica “la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento”. Sus palabras proféticas en estos momentos.

En los ámbitos universitarios también existe una toma sería de conciencia ante el funcionamiento de la Universidad (ver Responsabilidad Social Universitaria, Universidad de la Coruña. Consejo Social)

¿En este aspecto que se podría decir?

Es oportuno recoger las palabras del Cardenal Martino, Ex-Presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, dichas en el Capítulo de las Universidades Católicas de Chile, en el 2008, que tienen actual vigencia.

“Pienso que entre la Universidad y la D.S.I. existe la necesidad, la posibilidad y la urgencia de un encuentro. Por una parte está la Universidad como el lugar de excelencia para la búsqueda sistemática de la verdad, ese espacio donde los saberes se dan cita para colaborar en un marco unitario, es espacio para la «cohesión interior en el cosmos de la razón (Benedicto XVI – Ratisbona)» por otra parte está la D.S.I. que es un saber. Un saber fundado sobre la sabiduría de la fe en la verdad revelada”.

En otro momento el Cardenal Martino se interroga “¿es posible que estas realidades se encuentren más íntimamente y colaboren más intensamente?”

La brevedad y sencillez de este artículo impiden profundizar y contestar a estos interrogantes, que son vitales para un recto ordenamiento de la sociedad actual impugnada por un feroz relativismo.

En este sentido se percibe en las dos realidades, Universidad-Empresa, la ausencia de laicos comprometidos en los ambientes que son hostiles, que muchas veces se cobijan en el manto protector de las instituciones que les son afines.

¿Acaso ya llegamos demasiado tarde y solo las leyes dictadas por las mayorías configuran una sociedad que a muchos creyentes y no creyentes nos parece injusta e insolidaria por carecer de referencias sólidas y firmes?

Al final nos queda la esperanza “yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo” (Mat. 28.20).

Arsenio Huergo Fernández
Vicepresidente de la Fundación UNIVERSIDAD-EMPRESA

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