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Equilibrio trabajo-familia

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Jueves, 13 de Octubre de 2011

INTERVENCIÓN EN LA FUNDACIÓN CENTESIMUS ANNUS-PRO PONTIFICE

EQUILIBRIO TRABAJO-FAMILIA COMO RESPONSABILIDAD CORPORATIVA
(UN CONFLICTO QUE NOS OFRECE UNA OPORTUNIDAD) 

Presentación

LopezLopezMTeresaC

ada vez hay más investigaciones y trabajos que estudian y proponen medidas para facilitar, desde la empresa o el sector público, el equilibrio entre familia y trabajo. Pero son menos los que reflexionan en torno a las actitudes y comportamientos de los empresarios y trabajadores en relación a esta cuestión. Y esto es lo que yo voy a tratar de hacer en mi intervención.

El equilibrio familia-trabajo es un tema complejo y difícil de abordar en pocos minutos. En el intervienen variables de naturaleza muy diferente y se entremezclan decisiones privadas, públicas, individuales y colectivas, que a su vez producen consecuencias también privadas y públicas. Por ello no vamos a poder encontrar una única respuesta. No hay medidas mágicas que tomadas desde la empresa o el sector público, nos aseguren el éxito profesional y familiar.

Si nos paramos a pensar en la vida cotidiana, una parte importante de nuestras decisiones tienen que ver con la economía: si tenemos o no un trabajo remunerado, si tenemos un horario a jornada completa o parcial; si nos casamos jóvenes o esperamos a tener un empleo estable; si tenemos o no tenemos hijos. Estas decisiones, fundamentales en nuestra vida, tienen cada vez más, un importante condicionamiento económico.

Partiendo de esta realidad creo necesario plantearnos algunas preguntas antes de decidir cual debe ser la actuación concreta de la empresa en relación a la familia, teniendo en cuenta que el buen funcionamiento de ambas -empresa y familia- es imprescindible para la economía.

¿Es posible mejorar el bienestar de las familias y por tanto de la sociedad, sin tener en cuenta el modelo económico, social y empresarial en el que ésta vive? y teniendo en cuenta ese modelo, ¿cómo podemos alcanzar el verdadero equilibrio entre familia y trabajo?. Las respuestas a estas preguntas nos llevan necesariamente a realizar un  planteamiento que debe ir más allá de un enfoque estrictamente economicista. Para aportar algo de luz sobre estas cuestiones voy a dividir mi intervención en tres partes:

  • En la primera, presentaré brevemente unas premisas sobre lo que debe ser la economía y los principios en los que deberían apoyarse las decisiones tanto de las empresas como de las propias familias.
  • En la segunda me referiré a los conceptos centrales del tema: familia, trabajo y empresa, tratando de identificar, a la luz de la DSI, que familia y que trabajo tenemos que hacer compatibles. Casi todos los argumentos han sido tomados de la DSI, aunque para aligerar mi exposición no los citaré. En la ponencia escrita tienen ustedes todas las referencias de los textos utilizados.
  • Terminaré con unas reflexiones finales sobre las posibles líneas de trabajo y actuación para favorecer el necesario equilibrio entre familia y trabajo desde la empresa.

1. Premisas de partida: economía, familia, trabajo y empresa


Como acabo de señalar, es frecuente proponer medidas concretas para facilitar la conciliación desde la empresa sin reflexionar previamente sobre el sentido y fundamento de las propuestas que formulamos. Por otro lado, separar la pura gestión empresarial y económica a la que corresponde producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios (Caritas in veritate nº 36). Es decir, resulta difícil aislar a la empresa y a la familia de la acción política ya que ésta estará presente en sus decisiones. Por lo que en mi intervención también me referiré, en algún punto, a las políticas públicas.

El análisis económico y concretamente el estudio de la organización de empresas, se sitúa en el campo de las ciencias sociales, y deberá tener como centro de todas sus decisiones a la persona, sin reducirla a su papel de consumidor o ciudadano. En coherencia con lo anterior, las acciones que se derivan de la economía y en general de la acción política, deberán responder siempre con respecto a la dignidad del hombre. Esto no puede ser de otra manera ya que ambas son sólo dimensiones parciales de su contexto vital y deberán estar subordinadas a favor de su humanidad. O lo que es lo mismo, la primacía no corresponde a la economía, ni a la empresa, ni a las decisiones políticas, sino a la persona.

En cuanto al modelo económico, el basado en el mercado, aun presentando limitaciones, nadie duda de que es el más coherente y eficiente, entre otras razones porque se asienta en el respeto a la libertad. Pero no debe ser nunca un fin en si mismo, debiendo estar siempre al servicio de la persona. Una sociedad que se rige solo por las leyes y fuerzas del mercado, está enferma. Es imprescindible la presencia de valores morales en todos los procesos económicos y políticos. Sin formas internas de solidaridad y confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica (Caritas in veritate nº 35). Esta idea es especialmente relevante en un contexto de crisis como el actual.

Pero en relación a los responsables de la toma de decisiones políticas y  económicas, especialmente los empresarios, no es suficiente con que tengan buenas intenciones. Para el buen funcionamiento de la economía necesitamos  empresarios que tengan sólidas convicciones éticas, además de la mejor formación técnica. Tener buena voluntad es necesario, pero no asegura que los resultados de sus decisiones sean los mejores para el bien común y por tanto para el bienestar integral de la persona.

En definitiva la economía, como la política, es un arte que exige valorar las consecuencias previstas de cada decisión. Puede ocurrir que siendo algunas de ellas aparentemente lícitas y buscando crear en el corto plazo riqueza en términos económicos, pueden hacer daño a la persona. Por tanto quien no evalúa las posibles consecuencias de sus actuaciones actúa de manera irresponsable ya que toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral (Caritas in veritate nº 37) y estas deben ser tenidas en cuenta a la hora de gestionar.

Debemos por tanto trabajar por una ética económica, que fundamente las decisiones empresariales y políticas, para lograr así que los resultados que se derivan de ellas sean coherentes con los principios y valores que defendemos y además den lugar a resultados técnicamente eficientes. Y esto es perfectamente compatible, ya que los costes humanos son siempre también costes económicos y las disfunciones económicas comportan igualmente costes humanos (Caritas in veritate nº 32). Esto implica por tanto que la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento (Caritas in veritate nº 45).

Tampoco podemos olvidar que la economía es sólo un aspecto y una dimensión de la compleja actividad humana. Si es absolutizada, si la producción y el consumo de mercancías ocupan el centro de la vida social, se convierten en el único valor de la sociedad, no subordinado a ningún otro......y todo sistema sociocultural, al ignorar la dimensión ética y religiosa, se debilita, limitándose únicamente a la producción de bienes y servicios. Todo esto se puede resumir afirmando una vez más que la libertad económica (imprescindible para el buen funcionamiento de una economía de mercado) es solamente un elemento más de la libertad humana. Cuando aquella se vuelve autónoma, es decir, cuando el hombre es considerado más como un productor o un consumidor de bienes que como un sujeto que produce y consume para vivir, entonces pierde su necesaria relación con la persona humana y termina por alienarla y oprimirla (Centessimus annus nº 39)[1].

Pero el modelo económico y social que impera en los llamados países desarrollados, ha hecho de la economía un absoluto. El consumo es el centro de la vida social, es casi su único valor, no subordinado a ningún otro. El mercado, además de atender y cubrir necesidades, presenta ciertas disfunciones y crea a su vez nuevas necesidades, lo que produce dos consecuencias. La primera es que resta libertad a los individuos: hay que comprar una marca de ropa o un modelo de coche, porque son los signos externos por los que la sociedad nos valora. Esto hace que en ocasiones las familias tomen decisiones, muchas veces transcendentes, en función de sus posibilidades de consumo, como por ejemplo tener hijos, llegando incluso a considerarles como un elemento "mas de consumo". Estamos ante una clara deshumanización de la sociedad. Es en este modelo económico, con sus luces y sus sombras, en el que nos movemos en los países europeos. En él viven muchas de nuestras familias y desarrollan su actividad nuestros empresarios, y por ello debe estar presente a la hora de abordar el equilibrio entre familia y trabajo.

Y paso al segundo punto de mi intervención.

2. Equilibrio entre familia y trabajo como responsabilidad de todos


Abordamos una cuestión que suele ir acompañada de una fuerte carga ideológica y que puede analizarse desde diferentes perspectivas.

En primer lugar desde la perspectiva del conflicto. En las últimas décadas ha aumentado el número de familias con doble ingreso en las que el padre y la madre trabajan también fuera del hogar, lo que hace difícil atender, de manera equilibrada, las responsabilidades familiares y laborales. El origen de estos conflictos está, en muchas ocasiones, en el uso y distribución del tiempo y puede tener un carácter bidireccional[2]: que el trabajo impida atender adecuadamente a la familia o que el cuidado de la familia sea un obstáculo para el normal desempeño del propio trabajo.

A estos conflictos se les denomina: "problemas de conciliación". Y se han realizado numerosos estudios sobre las consecuencias de estas situaciones[3] cuyos resultados apuntan una correlación positiva entre conflicto trabajo-familia y: absentismo laboral, disminución de la productividad, falta de satisfacción en el trabajo, ansiedad, agotamiento, disminución de la implicación en el trabajo, depresión, problemas con el alcohol y conflictos familiares, entre otros.

Pero más allá de las consecuencias económicas que el conflicto pueda ocasionar a las empresas, estamos ante un problema humano, familiar y social muy grave. Si toda la actividad de una persona se concentra en los aspectos profesionales como algo prioritario, acabará dejando en un segundo plano su proyecto vital y sufriendo sus consecuencias. Esta falta de coherencia entre el proyecto profesional y vital, produce una serie de trastornos personales, que pueden llegar a ocasionar incluso la ruptura matrimonial y familiar[4].

Observando los posibles efectos negativos de la falta de equilibrio entre familia y trabajo, las empresas ofrecen a sus trabajadores medidas para ayudar a reducirlos, a la vez que tratan de no perder a los mejores profesionales que podrían buscar un empleo que se ajustara mejor a sus necesidades vitales.

Una segunda perspectiva del análisis de la relación familia y trabajo en el ámbito de la empresa, tiene como fundamento la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres. Esta es la razón que con más frecuencia se utiliza para exigir la puesta en marcha de políticas de conciliación.

En las últimas décadas se ha alcanzado en la Unión Europea un claro compromiso político y social para su logro. Pero todavía hay que continuar trabajando. Aún existen diferencias que se agudizan especialmente cuando las mujeres son madres. Sin embargo es necesario identificar bien a que nos referimos al buscar la igualdad y no traspasar la frontera, ya que algunas ideologías, especialmente la conocida como "ideología de género",  lo que realmente buscan es la identidad en los comportamientos e incluso la desaparición de la diferencia sexual -hombre y mujer- para sustituirla por la existencia de "géneros" que ya no tienen porque ser sólo dos.

Nadie puede negar que hombres y mujeres somos idénticos en derechos y obligaciones, pero no lo somos en nuestras realidades biológicas, comportamientos sociales e incluso en nuestros intereses personales y familiares. El hecho de ser personas y por tanto libres, obliga a que se tengan en cuenta las diferencias que tiene su origen en nuestra propia naturaleza biológica. Entre ellas se encuentra la maternidad, que es una realidad que nos convierte en desiguales y que hay que proteger. Sin embargo las cifras muestran que muchas mujeres todavía sufren en el mundo laboral una doble desigualdad, por ser mujer y por ser madre[5].

La Comisión Europea analizando las variables que determinan estas desigualdades, ha señalado que la dificultad para lograr el equilibrio entre familia y trabajo es una de las más relevantes. Es evidente que sino se trabaja desde el ámbito público y empresarial para apoyar la maternidad y se facilita su compatibilidad con el trabajo remunerado (lo que además resulta necesario para evitar un mayor riesgo de  pobreza) es imposible lograr una verdadera igualdad[6].

Sin embargo en nuestra cultura occidental la maternidad no siempre se reconoce como un bien, incluso algunas de las defensoras de la denominada "ideología de género", muy implantada en organismos internacionales y con fuerte presencia en España, llegan a considerarla como "una nueva forma de esclavitud para las mujeres"[7].

La conciliación significa hacer compatible la maternidad y paternidad con el trabajo remunerado. Pero la realidad es terca y los datos muestran que lo que está ocurriendo en Europa y muy especialmente en España, es la renuncia -voluntaria u obligada- a tener hijos, ya que el ciclo vital de las mujeres se ha masculinizado[8]. Igual que la maternidad no puede ser un obstáculo para que la mujer desempeñe un trabajo remunerado, el ejercicio de un trabajo remunerado no debe ser nunca un obstáculo para el ejercicio de la maternidad.

Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿qué familia y qué trabajo queremos hacer compatibles?. No nos vale cualquier familia y no nos vale cualquier trabajo.

En las tres últimas décadas, las familias, y especialmente las mujeres europeas, han cambiado sus comportamientos y lo han hecho, fundamentalmente, en relación a la maternidad.

La decisión de ser madres se toma más tardíamente. En algunos países la edad en el momento del nacimiento del primer hijo se sitúa por encima de los 32 años. Esto provoca, en la mayoría de los casos, una disminución del número total de hijos, al implicar una pérdida de años potencialmente fértiles. En opinión de algunos autores este retraso tiene que ver con la nueva trayectoria vital femenina. La educación y la consolidación de la carrera laboral, son objetivos prioritarios y aparecen problemas para compatibilizar la maternidad y el derecho a un trabajo remunerado.           

Pero no podemos olvidar que aunque la familia es un asunto privado, los hijos y las numerosas externalidades que genera, la convierten en un asunto público[9] sobre todo porque sus actuaciones tienen importantes consecuencias económicas. Un crecimiento económico sostenido y la estabilidad social, requieren inversión en capital humano y ésta empieza con el nacimiento de nuevos hijos en la familia. No es posible un verdadero el desarrollo económico y social si no hay respeto a la vida (Caritas in veritate nº 28).

Según las encuestas realizadas a mujeres europeas la principal causa de la caída de la natalidad está en las condiciones laborales, especialmente en los horarios que en ocasiones han imposible conciliar familia y trabajo. Pero también, algunos estudios consideran como variable determinante, el gran impulso consumista que se deriva del modelo económico y social que describimos en un principio. El consumo actúa como sustitutivo de otras vinculaciones y convierte a los hijos en competidores del cambio de coche, las vacaciones o de distintas alternativas del uso del tiempo de ocio.

Aunque estamos ante un tema complejo, con realidades muy diferentes, y en el que intervienen muchas variables, no nos equivocamos al afirmar que en muchos casos el descenso de la fecundidad en Europa está también relacionado con el cambio en las preferencias culturales respecto a la importancia de la vida familiar y no sólo con los costes directos y sobre todo de oportunidad que supone cada hijo. Para muchos europeos tener hijos y formar una familia es algo que ya no está dentro de sus opciones vitales.

Pero también se observa otro cambio en el comportamiento de las mujeres: un importantísimo aumento en el número de nacimientos en mujeres no casadas, llegando en algunos países a superar el 50% del total. Es decir, la maternidad está desvinculándose del matrimonio. Esta situación -aumento de familias monoparentales- introduce nuevas dificultades en la búsqueda del equilibrio familia y trabajo además de nuevas distorsiones en la estructura social. No podemos olvidar que el matrimonio constituye el productor primario del capital social por vía de los hijos y de su educación y el parentesco es la red secundaria que lo multiplica. La estabilidad en las relaciones de parentesco parece imprescindible para el buen desarrollo y equilibrio de la sociedad.

Pero el déficit de nacimientos no es sólo un problema estrictamente demográfico de graves consecuencias económicas, sino que es sobre todo un problema ético. ¿Como podemos aceptar sin rubor que una sociedad como la europea, que se considera desarrollada no quiera o no pueda tener hijos porque, entre otras causas, es difícil hacerlos compatibles con el trabajo?. 

En este contexto ¿que puede y que debe la empresa?. Las razones por las cuales una empresa llega a introducir como una variable más de su organización, las necesidades familiares de sus trabajadores, pueden ser múltiples: porque la ley se lo exige, por exigencia de los propios trabajadores o porque desean mantener a los más productivos. Todas estas razones son legítimas pero de carácter coyuntural. Es posible que la desaparición de esas formas de "presión externa o interna" supongan igualmente la desaparición de las medidas tomadas.

La verdadera razón que justifica y favorece la puesta en marcha de actuaciones en la empresa que faciliten el equilibrio entre familia y trabajo, es que sus directivos reconozcan y asuman el verdadero y auténtico valor no sólo del trabajo, sino también de la familia y sitúen a la persona en el centro de sus decisiones. Es decir que vayan más allá de la consideración del hombre sólo como trabajador o consumidor. Los resultados son mejores cuando la razón de su puesta en marcha está en una decisión libre del empresario, porque está convencido de que sus trabajadores son por encima de todo personas, y trata de ayudarlas a cubrir todas sus necesidades, incluidas las que van más allá de las materiales. Y es evidente que en esas necesidades se encuentra el equilibrio familiar.

Es necesario que el empresario, que es quien crea el empleo, esté convencido de que el trabajo reviste una importancia primaria para la realización del hombre y el desarrollo de la sociedad y por eso es preciso que se organice y desarrolle siempre en el pleno respeto a la dignidad humana y al servicio del bien común. Al mismo tiempo es indispensable que el hombre no se deje dominar por el trabajo, que no lo idolatre, pretendiendo encontrar en él, el sentido último y definitivo de la vida[10].

Necesitamos empresas y por tanto empresarios que hagan propia la recomendación expresada por Juan Pablo II cuando hizo un llamamiento para crear una coalición mundial a favor del trabajo decente.... lo que significa un trabajo que ... sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer; .... un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias ... un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual (Caritas in veritate nº 63).

Además no podemos olvidar que el hombre es el sujeto del trabajo, y por tanto tiene un valor ético ya que le permite realizarse como tal, el "trabajo hace al hombre "más hombre" "(Laborem exercens nº 9). Pero además es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre. Estos dos ámbitos de valores -uno relacionado con el trabajo y otro con el carácter de la vida familiar- deben unirse entre sí correctamente y compenetrarse. El trabajo es, en un cierto sentido, una condición para hacer posible la fundación de una familia, ya que ésta exige los medios de subsistencia, que el hombre adquiere normalmente mediante el trabajo (Laboren Exercens nº 10). La familia constituye uno de los puntos de referencia  más importantes según los cuales debe formarse el orden socio-ético del trabajo humano....La familia es, al mismo tiempo, una comunidad hecha posible gracias al trabajo y la primera escuela interior de trabajo para todo hombre" (Laboren exercens nº 10).

3. Reflexiones finales


Y quiero terminar mi intervención con unas reflexiones finales. La primera es que parecer necesario, especialmente en este momento, recordar la necesidad de que ante todo y en el centro de todo, está la familia, antes incluso que la propia sociedad y por supuesto que la empresa. Estamos obligados a trabajar y a protegerla porque es a través de ella como se construye el mejor modelo de sociedad y de economía, porque es en ella donde se adquieren primariamente los valores y principios éticos y porque una sociedad fuerte exige familias fuertes, que sean conscientes de la importancia de su trabajo -remunerado y no remunerado-, porque ambos resultan imprescindibles para su buen funcionamiento.

Puesto que las decisiones de cualquier orden son tomadas siempre por personas concretas, las medidas que puedan ponerse en marcha desde la empresa para facilitar la conciliación, que yo más bien denominaría corresponsabilidad, exigen ir precedidas de cambios en la mentalidad de los empresarios, de los propios trabajadores e incluso de la sociedad en general.

El fundamento de la responsabilidad social empresarial, en relación a la búsqueda del equilibrio entre familia y trabajo, debe ser el mismo de la responsabilidad personal, ya que son las interrelaciones entre personas las que definen las reglas de funcionamiento de las organizaciones[11]. Por tanto podemos afirmar que la responsabilidad social empresarial en este ámbito debe ser personal y compartida por todos, aunque en distinta forma y medida.

Aún así, las familias, no deberíamos tener la esperanza de que los responsables políticos o empresariales vayan a cambiar nuestras vidas si no les ayudamos, entre otras cosas porque toda actuación seria y recta del hombre es esperanza en acto (...) . Si no podemos esperar más de lo que efectivamente es posible en cada momento y de lo que podemos esperar que las autoridades políticas o económicas nos ofrezcan, nuestra vida se ve entonces abocada a quedar sin esperanza (Spe salvi nº 35). Por tanto es necesario que también las familias actúen con principios éticos y tomen sus decisiones con responsabilidad.

Estamos en un momento de crisis económica que puede ser una oportunidad para intentar un profundo cambio cultural, que considere al hombre como algo más que un productor, consumidor o ahorrador. Hay que trabajar para favorecer el desarrollo de una nueva cultura basada en un mayor humanismo, en la que las decisiones sean más respetuosas con el hombre y que ayuden a éste a ir mas allá del tener, poseer y consumir.

La centralidad de la persona en la actividad económica exige un cambio de perspectiva de la actividad económica en su conjunto y de la organización y prácticas de cada empresa. Con respecto a ello se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no solamente fuera o "después" de ella (Caritas in veritate nº 36).

Pero tampoco podemos olvidar que los conflictos entre el trabajo y la familia no son responsabilidad siempre de "los otros", lo son primariamente de cada uno de nosotros, de cada padre y de cada madre, e incluso de cada hijo. Es imprescindible que todos: empresarios, políticos y trabajadores, nos sintamos responsables de las consecuencias de nuestros actos, en particular cuando con ellos podemos estar perjudicando a otros, y añadiendo algo de sufrimiento al mundo.

Termino sin proponer ninguna medida concreta que facilite la conciliación desde la empresa porque he tratado de reflexionar sobre los fundamentos ya que como recoge el santo Padre Benedicto XVI en la encíclica Spe salvi (nº 24 a): El recto estado de las cosas humanas, el bienestar moral del mundo, nunca puede garantizarse solamente a través de las estructuras, por muy válidas que éstas sean. Dichas estructuras no sólo son importantes, sino necesarias: sin embargo, no pueden ni deben dejar al margen la libertad del hombre. Incluso las mejores estructuras funcionan únicamente cuando en una comunidad  existen unas convicciones vivas, capaces de motivar a los hombres para una adhesión libre al ordenamiento comunitario. La libertad necesita una convicción; una convicción no existe por sí misma, sino que ha de ser conquistada comunitariamente siempre de nuevo.

Creo que éste podría ser uno de los objetivos de este seminario, ayudarnos a todos a hacer más sólidas nuestras convicciones, y yo espero haber aportado un granito más de arena a su logro. Muchas gracias.

 Mª Teresa López López
Universidad Complutense de Madrid 


[1] Ambos párrafos se recogen en el nº 39 de la Enc. Centessimus Annus y corresponden a citas de textos previamente recogidos en la Enc. Sollicitudo Rei Sociales y en la Enc. Redemptor Hominis.

[2] Greenhauss,J.H. and Beutell, NJ (1985) "Sources of conflict between work and family roles". Academy of Management Review  nº 10 (1). Pág. 76-88.

[3] Véase el reciente trabajo de Zhang,J. (2011). "Antecedents of work-family conflict: review and prospect". International Journal of Bussine and Management, vol 6, nº 1, january.  Pág. 89-103.

[4] Ponce Nuñez, J.M. (2007) "La conciliación entre la vida personal y la profesional: un reto para las empresas y sus empleados". Revista Empresa y Humanismo vol. X 1/07.

[5] López López, MªT. et. al (2011) Mujer e igualdad de trato. Análisis de la maternidad en la Unión Europea. Colección Acción Familiar. Ed. Cinca. Madrid.

[6] Informe Comisión Europea sobre Igualdad de hombres y mujeres 2009. Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones (COM 2009) 77 final. SEC (200) 165, pto. 1.

[7] López López, MªT. (2011) Mujer e igualdad en la nueva cultura. Ponencia presentada en la escuela de teología Karl-Rhaner-Hans Von Balthasar dirigida por el profesor Olegario Gonzalez de Cardedal. Santander, julio 2011 (mimeo).

[8] Esping-Andersen, G. (2004). La política familiar y la nueva demografía. ICE, mayo-junio nº 815. Madrid.

[9] Godet, M. et. al. (2009). La famille: un affaire publique. La Documentation Francaise. paris. Pág. 7.

[10] Benedicto XVI. Homilia en la fiesta de San José a los trabajadores en 2006.

[11] Argandoña, A. (2007) Responsabilidad social de la empresa: ¿que modelo económico? ¿que modelo de empresa?. Documentación Social nº 146.

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